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Bravísima la poesía de Minerva Salado. Textos para talleres literarios

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Textos para talleres literarios.

Quiero que intentéis hacer una radiografía personal con estos poemas, como si hubiesen salido de vuestras entrañas… Poemas,  aparentemente incoherentes, pero llenos de resonancias diseccionan las almas, los lugares, los sueños velados, las injusticias, vistas por una voz poderosa que se mueve por todos los registros con verdadera maestría.

                Quiero que los releas y que apuntes en los bordes de los versos las ideas, palabras o emociones que te sugieren, aunque no entiendas plenamente su significado, aunque la relectura te pueda parecer insondable, como un mar inabarcable o extraño.  Con esas resonancias, con las emociones que te produzcan volverás a leer el poema, como si lo leyeras desde otra voz, en la lejanía. Imagina que construyes un puzle, que lo dotas de un sentido que es únicamente tuyo, personal e intransferible. Después escoge tres poemas, sólo tres, aquellos que te gusten, los que sientas más cercanos.  Comienza escribiendo las imágenes que deslíe tu mente, las que llegan a ti con mayor fuerza, intentando que sean imágenes transmisoras de emociones, capaces de multiplicarse en las sucesivas relecturas, como te ha sucedido a ti mismo con estos poemas.  Después, si te sientes capaz, tal vez puedas transformar uno de esos poemas en una pequeña historia, un breve cuento que parta de uno de esos fogonazos;  debe ser un cuento que abra una nueva puerta: sólo tú posees la llave, esa escritura envolvente, ese poema en el que has buceado con placer.

 

Encuentros casuales

                                                                     Un poema no es más

                                                                   que una conversación en la penumbra

                                                                  del horno viejo, cuando ya

                                                                   todos se han ido, y cruje

                                                                  afuera el hondo bosque…

                                                                                                             Eliseo Diego

 

                                                                                                                            

Sueño

 

Si tú cierras los ojos estás solo.

La memoria es un filtro en que se asientan

las fúlgidas estampas los rotos abalorios

el terreno inocente de la muerte. Yo sé

que tú estás solo tras los párpados oigo

que el individuo me reclama sus verbos

su tremenda consigna de la vida pero sé

que está solo cuando duerme cuando cuenta

sus cuentos a ninguno como aquel que los guarda

para siempre en su largo ataúd en su vigilia.

No se vuelve a soñar si uno está solo.

Los recuerdos se quiebran de espanto ante la muerte

se vuelven alarmantes no importa quién se apague

en la otra esquina los recuerdos se vierten

en las brasas del primer transeúnte

el aire que respira       atroz junto a los muros

efímera pared del infinito.

 

Primavera en Sofía

 

                                                         Para Elena

                                                               Para Niki

 

Sofía no es la primavera que esperaba en las fotos

                 como un lirio

las flores cercando el paso de los transeúntes

y el murmullo de las hojas con una queja ahogada

                                     su milagro en la fuente.

Sofía es ahora más triste                         más honda

y aún más hermosa que en los cuentos

su sonrisa marcada por el crujir de los días

anuncia la primavera consecuente

                                                      tenaz

                                                               bajo los árboles.

Sofía es una canción infantil

                                  no sólo un trino de postal insolente

es un grito en la sien.

 

Una muchacha amanece en la ventana del insomnio

y su lágrima diurna acaricia el trajín de las calles

el tranvía le sigue como un duende

y se acerca al amargo corredor de su imagen.

Una muchacha corre las cortinas de su rostro feliz

                         hasta mañana

y la isla de su almohada pertenece a otro mundo

tal vez al canto extraterreno de los coros

que alientan en su cúpula.

La cripta está cerrada

Pero sus palomas almuerzan en la sobra el pan de los turistas

La soledad no les concierne por ahora

La belleza entrañable es un desatino que nos acosa mutuamente

hablo del corazón intacto pero no lo conozco

sólo toco la hierba que cubre sus membranas

el musgo se debate en sus intentos

se afana al respirar        y se consagra.

Sofía me da el poder de dibujar su frente

el patio de una aldea

                                      el monasterio vivo

                                                                            en mi balcón.

 

Leyendo a Lewis Carroll

 

La maga del amor se instala en sus instintos

                                                 Alicia vuelve

no es la presumida Alicia quien sonríe

es sólo su distancia el pájaro fugaz que se avecina

cuando el mar está sordo y solo escucha el ala

las voces del fragor sobre la arena.

Alicia es la infeliz gacela que ha perdido

la vuelta al horno y convierte su sed en lo infinito

no sabe adónde ir pero penetra la maraña imposible

de los ríos vericuetos de luz en su labranza

que buscan como urdir un laberinto.

Es un riesgo mayor su pesadilla la noche hierve

como una naranja y despierta a pedradas la mañana

tu juego es tan precoz como los sueños

correr delante siempre tratar de ser infiel

y al demostrarlo te hieres en el pie

                                                          con un cuchillo

tus papeles se llenan de nostalgia eres hoy la gacela

transparente que enciende su candil en un suspiro

aproxima las ramas a sus pinos

               destrozando tu espuma

ofrendando tus peines en las puertas quebradas del rocío.

 

Arte Poética

 

Usted que viene del sueño a la vigilia

                                                             de la vigilia al sueño

purísima aparición a través de la almohada

interrumpe las canciones abriendo la ventana

y es una nube rota que inserta la melodía donde va

justo donde va la palabra amor

como una tienda de campaña                         como un techo

el violín en añicos se desgarra apenas vuelve la luz

sobre la sala y usted se desviste

abandona sus extremas virtudes encima del buró

bajo las cuerdas que anuncian otro tempo

y se avecinan sobre el ambiente

hincan como una temporada en el invierno.

Usted es una sinfonía que se derrama en las alcobas

peor para nosotros porque estamos a su abrigo

y vivos de carne y huesos vivos nos sorprende su huella

como un relámpago                     un sol naciente

esa sombra detrás de la cortina                         encima del baúl.

Usted viene y requiebra los objetos

piensa que va a llover pero suenan los ruidos de la puerta

y el vidrio de sus goznes le empieza a estremecer

                                                         con su ladrillo.

Usted desplaza los muebles los convierte en arcilla

y su silencio me vuelve a preocupar

-el escudo de su angustia me parece un engaño-

lanza un grito de horror

y ante mi propia voz

                                      se desvanece.

 

 

Tema sobre paseo 

Premio UNEAC de Poesía 1977, Julián del Casal.

                                                                                                                                                                                                                                                                          Herido estoy, miradme: necesito más vidas

                                                                        La que contengo es poca para el gran cometido

                                                                        de sangre que quisiera perder por las heridas.

                                                                         Decid  quién no fue herido.

                                                                                                  Miguel Hernández.

Encuentros casuales

Anciana en el parque

 

El árbol te fue regalado cuando llorabas.

Muy pocos entendieron la humedad del día.

Trazaste una interrogación ciega

absurda para los más complejos

que dejaron la tela de araña en el ambiente imperceptible.

No comprendieron enseguida que tú llorabas simplemente

frente a la ternura.

No se detuvieron a mirar hacia la calle quieta

ni siquiera un niño atisbaba a través de las persianas.

Después la cámara no funcionó

el cielo estaba oculto por una nube

no hubo celuloide para fijar ese minuto en el tiempo

traerte el árbol dibujado en la foto

sus flores abriendo la primavera.

 

 

 

Prórroga perpetua

 

La caricia perdida  rodará…  rodará

                                                      Alfonsina Storni

 

 

 

 

El amor es la prórroga perpetua

siempre el paso siguiente, el otro, el otro.

                                                                     Jaime Siles

 

 

Clásico

Tu nombre prorrogado sobre las páginas de esta

          agenda

que duele tanto como un diario de guerra

sirvió para que aprendiera de memoria

el colmo de tu sonrisa

la voz quebrada y esa flor pávida  -medrosa-

de los ojos

cara o cruz en tu rostro.

 

Difícil tarea la que me embarga:

escribir sobre tu huella las mismas palabras

volver a tocar la tierra blanda por donde

    apareciste

emergiste

cual una noche larga o un continente.

Decir de nuevo que todo ha terminado

y pronunciar tu nombre sin olvido

como un descubrimiento cada vez

leve durante tanto tiempo.

 

La ciudad

 

Aquí permaneces de repente sobre tu cuerda

     floja.

Aquí te despides cada día. Cada día me

     olvidas.

Allá la luz naranja el aroma de las mariposas

siempre efímeras como muertas de color.

Allá los arroyos de la luna los aviones

y las nubes.

           Hay que venir a la ciudad para asustarse

           -decías- seguíamos jugando a los pistoleros    

         después no pasaba nada los pájaros

         otra vez.

El mismo niño aquel impreciso en la memoria

la palabra encaje en tu palabra

el brocal del pozo desvelado y de nuevo

los aviones. Aquí frente a mí el tiempo

secreto polvo de tu voz.

 

Presente cual manos transidas

Cómo en tránsito siempre hacia otra parte

asunto de los demás pálido animal herido

    en un costado

ágil no obstante ante los ojos atravesamos la

   relación

sospecho que amorosa elevada hasta la copa de

   los árboles

más altos tu palabra por aquella época para

  memorizar

tan sólo en los momentos críticos detenidos

en el presente cual manos transidas indicios de

    otro tiempo

más cerca nosotros que nadie en derredor sobre

       las distancias

y el mundo convertido bajo el tapete mientras

      en el aire

otras palabras referidas al día hola cómo están

         los cintillos

de Gramma y la situación nacional combate

    irremisible aquel

sin hacer cenizas aún por tus acostumbradas

         cerillas contra las cartas

y otras cuestiones olorosas llagas en el pasado.

Ahora no hay más que hablar todo está dicho

        y es cada día

el más importante frente al mundo hilo de un

   minuto común

sé que recuerdas aunque reniegues tal vez y

  olvides

-qué se va a hacer- te espanta la memoria.

 

 

 

 

Para resolver una ecuación

Astr. Tiempo variable que se agrega cada día al tiempo

medio, o se sustrae de él, para tener el tiempo verdadero.

( Pequeño Larousse)

 

La poesía como solución a esta mañana dominical

junto a tu nombre efímero en la pradera

portal de una casa meciéndose en la brisa

    de los días

dulce agotada presencia en la memoria

memoria por el labio tenue hierba tras su paso

estremecido animal en veda para la cacería

que soy así de infeliz por una ausencia de

   nunca acabar

hasta la misma muerte completada quizá

noche a noche en el puesto de los otros.

Tú como una de esas jornadas sorprendentes

ternura interrumpida en el primer paréntesis

recio vendaval por aquellos días ahora

sobre mi mente obstinada distancia

dibujada bajo el techo de una calle lluviosa

supuesta bonanza para después otro momento

buscando en la mañana sobre el ardor de mi

   garganta.

 

 

 

Aldeas ciudades

 

En los pueblos, a cierta hora, las aves se

dirigen visiblemente a lugares ya conocidos.

A los pedregales, a los huertos, a los arbustos

que crecen en la orilla de las aguadas.

Y según el tiempo, su vuelo es distinto. La gente

del lugar no observa estos detalles, pero los viajeros,

la gente que ha de irse, no los olvida

 

                          José María Arguedas

 

Aldeas ciudades

 

Mar cercano el mismo por donde entró Colón

henchido frente a las barcas quizás ni consciente

de lo que hacía para aplastar a los hombres

     de ultramar

fue como abrir las puertas a una tierra donde

     todo

era grande tremenda dimensión del Amazonas

    las selvas

que holló Pizarro a caballo por todo aquello

solo para conquistar y decir que Venezuela

    pequeña tierra

adecuada para góndolas tal como Hernán Cortés

arrasó las virtudes de Tenochtitlán insistiendo

además en la Florida y Velázquez volvía a

    Cuba

dorado para los cazadores del Paraíso.

Todavía por las calles de América anda  la

  civilización

que encontraron imposible de destruir a pesar

de lo que vino después por la misma brecha

   del Almirante

tal vez inocente se me ocurre tanto mal.

Se trata entonces de otro descubrimiento esta

   vez

mejor parte para los indios sin amor por los

  dioses

blancos llegados directamente en barcas hasta

   sus costas

oportunidad para decir poemas inevitables

dedicados a la vegetación del continente

   nombrado por Vespucio

con la metáfora inédita de sus habitantes

vuelva a florecer el perfume selvático en

   ciudades y aldeas

para siempre disfrute el canto incaico de la

   flauta

se extreme por toda la cordillera consagrados

     los caminos

para los pies del indio sus ojos estremecidos

    abran la fiesta

largo y ancho de la luna sobre el cielo

todos los matices de la atmósfera

tengan la palabra los hombres de maíz.

 

Guaicanamar

El circo se instala en los suburbios para que la

familia emigre a su carpa y abuela conozca el

futuro inmediato quizá a través de la radio y

los programas de lotería un parque de diversiones

esporádicas sillas voladoras sobre el techo del

burdel pedradas de los niños crueles rondas en

bicicleta hacia el nudo de montañas la empresa

petrolera en construcción lugares recónditos impulso

de misterio en el pedal y los dedos inflamados

por espinas de cactus.

 

Como el aire con su sabor amargo a tronco

viejo invasión del petróleo y los motores suaves

de las lanchas la grúa inmensa que atraviesa

la bahía de parte a parte carga seca a la ciudad

e hilos de pensamiento adentrándose hacia las

calles polvo y adoquín desde la niñez deslavados

muros y salitre oloroso de un confín a otro en las

espaldas de los hombre regadas por las algas y

raíces del mar.

 

Bronce de estatua brillando frente al arma

memorable mandarria obrera donde jugaron niños

de otro tiempo muertos después bajo las balas

aquel día para más datos sangriento vendaval y

Clodomira y Lidia viniendo de la Sierra a caer

en la tumba fortaleza del Morro hirsuta por

entonces para la entrada de naves extraterrestres.

 

Aguas interiores muy tranquilas rodeando el puerto

y la gente atraviesa proverbialmente alegre ante

cualquier azote lecho de niebla olorosa a cuestiones

marinas donde transcurrió toda la niñez como

indeleble marca en la piel letra entrada con sangre

aparecida constante y sonante en los pulsos

plateados y el color de sus collares

depositada fruta frente al mar

cuidadosamente apostada en la cumbre del sueño

pequeña aldea indígena

ciudad sólo habitada como una maravilla.

 

 

 

Hay frío en Nueva York

                                       Para Ana

 

El lunes cuando se van los artistas

músicos de otra parte para siempre

luminoso cartel atravesado en la calle

baja la vista el transeúnte agredido

por la luz sobre los ojos de todo el que cruza

de paso hacia el hotel cincuenta bajo cero

pero esta vez ya fue bastante alimentos en lata

y los pies salpicados por la nieve

a ocho metros de profundidad en la ciudad

     intensa

como ninguna otra en el corazón de los

     edificios

más altos del mundo con el frío en los huesos

para beber el té y pensar en los amigos

   lejanos

envueltos en el Trópico juntos comentando

este invierno que frío coño sin salir a la calle

volver a los viejos temas conversados

quizás ocultos tras el ala izquierda

ventrículo atemperado por el olvido

la sucia bandera de un país colmado de estrellas

y una más caída del cielo de Puerto Rico

finalmente sirvienta de la hacienda hasta un

     buen día

una buena ya no más mañana

hoy totalmente se acabó desde los tiempos de

     Martí.

El lunes repito viajando por las avenidas

  de Broadway

el puente de Brooklyn en soledad colgado

sobre los habitantes los semáforos impidiendo

     el paso

a los autos la bolsa de valores y el Pentágono

representando la nación ancianos muertos

aparecen ateridos y el estado de alerta la Casa

  Blanca impotentes

ante la temporada que cubre hasta la Bahía

   de Manhattan

y amenaza los distritos del Sur la corbata del

   Presidente Carter.

su sonrisa continua menos mal –dicen-

frente a tanta desgracia encima de Indochina

la inflación los golpes  de adentro y todavía

hasta el clima se pone en contra nuestra.

De una vez y para siempre volver sobre el

    Trópico de Cáncer

lugar ideal para vivir en Revolución

los verdes más disímiles adornando las sombras

de ciertos árboles no abundantes al norte

la bandera en la brisa de múltiples ventanas

del país una sola estrella que alcanza para todos

aquí cincuenta para unos cuantos.

 

Sentarse en el Museo de Arte

originales enfrente monólogo interior desolación

en la ciudad que se dibuja bajo los pulmones

desde el estómago a la garganta

aprieta el corazón en espera via crucis la sangre

y estalla finalmente:

insospechado nudo para el mundo.

 

A través de Viet  Nam

 

La bala como un último suspiro

trascendente ocasión para meditar

sorpresa minuciosa otra vez mientras atraviesa

     la sien

de lado a lado seguro caminar abre la vida

     en dos

y vuelve sobre la yerba más tarde yace

pasto de las llamas y el napalm

queda quieta de la carne venas y arterias disponibles

hasta el aliento final que se levanta humo

para seguir extinguiéndose frente a la guerra

cruzar los puentes minados infalibles

tesoro bajo el suelo firme patrimonio de todos

cuando cesa el bombardeo y deja de brotar

   sangre

por el cuerpo sanan los cráteres abundantes de

    esta tierra

termina el desguace de bosques casas hijos

se echan las balas finales

vuelve de nuevo la patria cien veces más hermosa.

 

  Los textos pertenecen a los siguientes libros

Encuentros Casuales.

9 Cuadernos de Poesía, Editorial Factor

Tema sobre un paseo, Unión de Escritores y Artistas de Cuba, 1978

Agradezco encarecidamente a Minerva Salado,  el envío de los libros y su inestimable apoyo y ayuda.

 Muchísimas gracias, querida  Minerva.

 

 

 

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Comentarios Bravísima la poesía de Minerva Salado. Textos para talleres literarios

no se que decirte es todo el corro tan precioso que se necesitaria dias leyendo haciendo analisis , todo el planteamiento perfecto no me morizo muncho pero me ha gustado muncho eso de una traicion no se paga con un beso  el poema de  una vieja en la portada hay varios estan divinos por que me gusta leer pero no tengo ni el dinero suficiente ni el sitio suficiente donde almacenar , y esto es un oasis acercarse a tu blog pues nombres no conocias poesias preciosas etc puede uno leerlas sin costo ninguno  y pedirte opinion
Me alegro de que te gusten, porque además intento compartir estos poemas que me mando la propia escritora. Sus poemas son increíbles, excelentes. En este sentido me siento muy realizada si los lees y escuchas... porque así comparto esas emociones que me despiertan.
Un beso muy fuerte.

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