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Bravísima la poesía de José Hierro

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José Hierro

 

Amanecer

 

 TAGS:undefinedfotografobodasValencia

Imagínate tú...

Imagínate tú por un momento

               R. A.

 

La estrella aún flotaba en las aguas,

río abajo, a la noche del mar, la llevó la corriente.

Y de pronto la mágica música errante en la sombra

se apagó, sin dolor, en el fresco silencio silvestre.

 

Imagínate tú, piensa sólo un instante,

piensa sólo un instante que el alma comienza a caerse.

(Las hojas, el canto del agua que sólo tú escuchas:

maravilloso silencio que pone en las tuyas su mano evidente.)

Piensa sólo un instante que has roto los diques y flotas sin tiempo en la noche,

que eres carne de sombra, recuerdo de sombra, que sombra tan sólo te envuelve.

Piensa conmigo: Tan bello era todo.¡ Tan nuestro todo, tan vivo todo,

antes que todo se desvaneciese!

 

Imagínate tú que hace siglos que has muerto.

No te preguntan las cosas, si pasas, quién eres.

Procura un instante pensar que tus brazos no pesan.

Son nada más que dos cañas, dos gotas de lluvia, dos humos calientes.

( ¡Tan bello era todo, tan nuestro era todo, tan vivo era todo¡)

Y cuando creas que todo ante ti perfecciona su muerte,

abre los ojos:

                      El trágico hachero saltaba los montes,

llevaba una antorcha en la mano, incendiaba los bosques nacientes.

El río volvía a mojar las orillas que dan a tu vida.

el prodigio era tuyo y te hacías así vencedor de la muerte.

 

 

 

 

  TAGS:undefinedfotografia artística

 

Teoría y alucinación de Dublín.

 

Un instante vacío

de acción puede poblarse solamente

de nostalgia o de vino.

Hay quien lo llena de palabras vivas,

de poesía ( acción

de espectros, vino con remordimiento).

 

Cuando la vida se detiene,

se escribe lo pasado o lo imposible

para que los demás vivan aquello

que ya vivió (o que no vivió) el poeta.

El no puede dar vino,

nostalgia a los demás: sólo palabras.

Si les pudiese dar acción...

 

La poesía es como el viento,

y como el fuego, o como el mar.

Hace vibrar árboles, ropas,

abrasa espigas, hojas secas,

acuna en su oleaje los objetos

que duermen en la playa.

 

La poesía es como el viento,

o como el viento o como el mar:

de apariencia de vida

A lo inmóvil, a lo paralizado.

Y el leño que arde,

las conchas que las olas traen o llevan,

el papel que arrebata el viento,

destellan una viva momentánea

entre dos inmovilidades.

 

Pero los que están vivos,

los henchidos de acción,

los palpitantes de nostalgia o vino,

Esos...felices, bienaventurados,

porque no necesitan las palabras,

como el caballo corre, aunque no sople el viento,

y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar,

y el hombre llora, y canta,

proyecta y edifica, aún sin el fuego.

 

 

 

El        rezagado

 

Te vimos, por última vez, ante le puente que unía tu reino

con este otro reino que sólo verán nuestros ojos.

Es duro perderse, saber que ni soles ni siglos ni vientos,

saber que ni mares ni noches podrán devolvernos tu rostro.

Te vimos llorar. Te sentaste a la sombra de un árbol.

Tus dientes mordían un tallo de verde y de oro.

Después nunca más te encontramos. Nos queda de ti, el rezagado,

la imagen de un hombre llevando en su frente la luz del crepúsculo rojo.

Nos duele saber que eres débil, que no te atreviste a arrojar al olvido,

a manchar, a rozarte el dolor, tu sereno tesoro.

Desde aquí pensaremos en ti, en tu alegría.

(Eras tú el más perfecto de todos;

pero yo ya conozco qué largas cadenas,

qué torres, qué ríos detienen tu paso,

qué música de olas, qué frutos redondos.

Yo sé bien lo que cuesta perder la alegría

y volver a ganarla, después del dolor, en un mundo remoto.

Es duro perderse. Quisiera guardar para siempre tu imagen,

la imagen que está en mi recuerdo poblando de sueños su fondo.

Pero ya te han llenado las manos de estrellas azules,

el pecho de yedra, la frente de mares brumosos.

tan lejos te vemos y extraño, tan de otro planeta,

que casi olvidamos que un día viviste feliz en nosotros.

 

 

 

La playa de ayer

 

Cuántas lamentaciones ante el muro

coronado de pálidas almenas...

( No estoy seguro..) Un canto de sirenas

o de cadenas...( Y a no estoy seguro...)

 

Palpitación salada...Y el conjuro

de la aventura...Sobre las arenas,

pasos...( no estoy seguro...) , o eran penas,

llagas de sombras sobre el oro puro.

 

Y eran las nubes y las estaciones...

Y alguien pasaba...y alguien trasponía

puertas de niebla, alcázares de espanto,

 

mar con marfil de las constelaciones....

y se ocultaba y reaparecía,

hijo del gozo con la cruz de llanto....

 

José Hierro

 

Nació en Madrid un 3 de abril de 1922 y con tan sólo dos años se transladó a Santader con su familia, lugar desde el que vivirían la experiencia traumática de la guerra  con todas sus consecuencias. Escribe algunos poemas en revistas de la época y en 1946 termina su primer libro, Tierra sin nosotros.  De 1947 es su libro Alegría, por el que recibe el premio Adonais y en 1950 Ediciones Proel publica Con las piedras, con el viento, título tomado de unos versos de Lope de Vega en los se asegura <>.

Instalado definitivamente en Madrid en 1952, la Editora Nacional publica Quinta del 42, y en 1953, en edición limitada, Pablo Beltrán de Heredia le publica en Santander una Antología Poética, por la que obtiene el Premio Nacional de Poesía.  En 1957 se publica el libro Cuanto sé de mí, que recibe el premio de la Crítica y comienza a escribir los poemas del Libro de las alucinaciones, que concluirá en 1963 y que en 1964, son publicados por la Editora Nacional, obteniendo el Premio de la Crítica de ese año.

En la década de los setenta, Seix Barral publica la poesía completa de José Hierro con el título Cuanto sé de mí y en Cuadernos Hispanoamericanos aparecen los primeros poemas de Agenda ( 1978). En 1982 recibe el primer Premio Príncipe de Asturias de Literatura, y en 1987, al cumplir sesenta y cinco años de edad, José Hierro se jubila de su trabajo en Radio Nacional.

En 1991 se publica completo Agenda y en 1998 Cuadernos de Nueva York, libros con los que José Hierro rompe un silencio de años, quizá una promesa de no seguir escribiendo, y con los que obtiene el aplauso de la crítica y el reconocimiento, especialmente con el último, de un público mayoritario que le acoge como uno de los grandes de la poesía española de nuestros días.

 

Ignoro totalmente qué es la poesía. La olfateo, donde creo que está, y disfruto apasionadamente de ella. Como creador, aunque no sepa definirla sé para qué me sirve: para decir ( intentar) lo que no se puede decir. Es el humo resultante de la quema de un cuerpo que no recordamos qué era. Tarea de locos está de empeñarse en omodelar el humo, en articular palabras que digan más de lo que dicen, que informen ( via lógica) y persuadan, contagien, seduzcan ( vía mágica). El poeta apunta, pero nunca sabe si dio en el blanco. Ni siquiera está seguro de dónde estaba la diana.

Respiramos poesía, como respiramos oxígeno, aunque no lo advirtamos. Sin ella no podríamos vivir. Viene esto a cuento de eso que tanto se dice y se repite, a veces con amargura, otras con desdén, por muchos poetas: <>. Por la misma sinrazón podría afirmarse que la música no gusta, pues es innegable que son muy pocas las partituras que se venden. El problema viene de lejos, de la primera enseñanza, del olvido - Pedro Salinas lo recordaba- de que la poesía tiene sentido y sonido. Es el ritmo - llevo tantos años repitiendo lo que me dijeron mucho añntes, y mejor dicho, que siento rubor al insistir - el que hace claro para la sensibilidad lo que puede ser oscuro para la razón. Y se escribe, y se lee poesía porque todo está dicho y todo está por decir.

Temo parecer excesivamente optimisnta. O -lo que resultaría más descorazonador aún- un conformista que hace de la necesidad virtud. Se equivoca quien piensa así. Vuelvo atrás la mirada y veo que, ni siquiera en el nefasto - poéticamente- siglo XVIII español, desaparecieron los navegantes líricos. Porque no hay tiempos malos o buenos para la poesía, sino poetas que no están a la altura de sus tiempos, del modo que no hay tiempos - climatólogicos- mejores o peores para los pronosticadores que acechan la llegada de las corrientes del oeste.

Por la misma razón, comtemplada por el envés, no hay temas poésticos más válidos para cada momento histórico. Todos tienen las mismas posibilidades. Recuerdo esto ahora porque miles de veces he oído esto de <<¿la poesía social pasó a la historia?>>. Se olvida que junto a poetas como Celaya o Otero que se proponían cambiar el mundo con la herramienta de la poesía, había quienes, con menor eco entonces, decían su canción vanguardista tardía (¡curioso maridaje), como Carlos Edmundo de Ory, o huían del testimonio presente en las naves del esteticismo, como los poetas del Grupo Cántico. Consecuentemente, no hay razón para que el poeta, el que libre y necesariamente tome ese camino escriba poesía social, pues el ser humano se debate - como tan hermoso nos recordó Cernuda- entre la realidad y el deseo-.  Nada importa que lo social haya dejado de ser una moda. continúa siendo una corriente que lleva muchos siglos de camino. El poeta es libre para hacer lo que le dé la gana, excepto para no hablar de lo que le exige su corazón. Por mi parte, con mayor o menor fortuna, es lo que siempre he querido hacer.

Publicado en ¿Qué puede la poesía?  2oo2.

Ediciones Bassarai  UN LIBRO QUE TE RECOMIENDO ENCARECIDAMENTE.

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Comentarios Bravísima la poesía de José Hierro

Preciosa!

Humana y real,dulce y al mismo tiempo cruda.
Vuelvo a decirlo: PRECIOSA ;-)
inmensa MENSA 21/10/2010 a las 23:00

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