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Bravísima la poesía de Francisco Cenamor

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Para Francisco Cenamor, la poesía es un acto de creación, en el que las herramientas son, generalmente, las palabras. La poesía –dice- nos sitúa en un plano diferente a la realidad, aunque pueda hacer referencia a ella; nos sitúa en nuestro interior. Es el instrumento que hace sonar el espíritu, el alma, o…

Por eso a él le gusta empaparse del mundo que le rodea; observa a las personas, mira a través de sus ojos y después, cartea consigo mismo. Todo ese aluvión de señales luminosas las transforma en palabra poética, extrayendo su belleza. En cada poemario desnuda una parte si, aunque él es consciente de que ese yo íntimo son muchos yoes, un mundo en miniatura, que encarna no sólo lo que él ha vivido o sentido, sino también lo que han vivido o sentido otros.  Su poesía sale a la calle, se nutre de la savia alimenticia que envuelve cada burbuja humana, se ampara en los rostros de la gente y se pregunta –en el momento de la creación- qué parte de sí mismo, ha caminado con sus mismos zapatos, qué parte  puede exteriorizar lo vivido por otros, dónde debemos colocar las bisagras, para unir la puerta a la pared, una pared que respira, como un cuaderno, que se traspapela porque no sólo le pertenece a él, sino también a cada uno de sus lectores.

            
       Cenamor entiende que muchas personas se desentiendan de la poesía, alegando que no saben cómo penetrar en ella, que son incapaces de apreciar sus cualidades, porque desconocen su sentido metafórico.  Pero, para él, y no es el único, la poesía no debe entenderse, como si de un manual de instrucciones se tratase, debe palparse, sentirse, apreciarse. La poesía debe deleitar al lector por sí misma; el truco no es despejar las incógnitas, sino penetrar enla fascinación del laberinto, sin miedo, aunque llevemos vendados los ojos.

Por eso Cenamor se acerca a los jóvenes, y lo hace, consciente del grado de afinidad emocional que existe entre el río caudaloso que es su vida llena de pasiones, utopías, enamoramientos; y la poesía  que fluye en la misma dirección, se dirige a nuestras emociones y pulsa sus cuerdas. El joven pretende extraerle "todo el meollo" a la vida. La poesía hace carambolas con el lenguaje; juego con él, lo regenera, lo transforma y consigue iluminarnos.  Por eso muchos jóvenes escriben poesía en su adolescencia, para desnudarse por dentro, para comprender el mundo que están atravesando.

 

  Además hoy la cultura de la imagen nos domina. Sí, hoy más que nunca vivimos en la cultura de la imagen, “¿y qué otra cosa es la poesía?”, afirma Cenamor.  La omnipresencia de la imagen lo envuelve todo, nos sitúa dentro de su burbuja, todo lo que nos rodea  es multiplicado por ella. Y en definitiva eso es justamente lo que hace la poesía.  Puede hablarse de otros tipos de poesía más simbolista o conceptual, pero siempre desembocamos en la imagen y por esa puerta penetran  las nuevas generaciones, por ese juego polivalente, por el ese deseo de jugar con las palabras   “ dándoles el sentido que queramos, usándolas no por su significado, sino por su sonido, por su ambigüedad, por las sensaciones que nos transmiten, porque nos transportan a diferentes atmósferas...”

Y como todo arte creativo requiere de un aprendizaje y un buen conocimiento de las herramientas que se usan. En plena decadencia de la cultura del esfuerzo y el sacrificio parece difícil plantear cualquier aprendizaje, pero el uso de la palabra tiene una gran virtud: puede ser un juego, podemos jugar a usar palabras..., y lo que comienza como un juego puede llegar a ser una gran pasión”.

Francisco Cenamor (1965, Leganés, España). Abandona sus estudios a los 14 años,  a pesar de ser un estudiante brillante.  Gran autodidacta, ha impartido clases de interpretación y ha hecho pequeños papeles en películas y series de televisión. Además participa con asiduidad en todo tipo de propuestas poéticas, como la coordinación de El festival de poesía erótica del Colectivo Hetaira.  Actualmente edita el blog literario Asamblea de palabras, con una gran repercusión mediática, un blog que permite al lector estar al día en cuanto a propuestas, certámenes, recitales, y todo tipo de propuestas y noticias sobre poesía u otros temas afines a la literatura.

Como poeta, comienza su andadura en Talasa Ediciones, editorial que publica en 1999 su primer libro Amando nubes. Con el libro “en la guantera”, da recitales poéticos por toda España.  En 2003 sale el libro Ángeles sin cielo, editado esta vez por Vitruvio; editorial que publicaría posteriormente su libro Asamblea de palabras (2007). En el 2009, Ediciones Amargord publica Casa de aire, su última obra, una apuesta arriesgada y un canto a la belleza de la mujer.  Un poeta difícil de encasillar, porque se nutre de lo cotidiano, pero su poesía no se queda en la protesta, ante el mundo que le ha tocado vivir, su poesía fluye, persigue sueños, penetra en su propia alma y, al hacerlo, nos invita a mirarnos el ombligo, nos obliga a lanzar al aire el sombrero y descubrirnos.

AGRADEZCO A FRANCISCO CENAMOR ESTA SELECCIÓN POÉTICA

 

Del libro Amando nubes (Talasa Ediciones, Madrid, 1999)

 

duerme despierta

 

duérmete mi niña al invierno

sueña que no entierra sus minas el malo

en las venas de las niñas

 

duérmete preciosa a la ambición

sueña que en áfrica no lloran las miradas

porque aquí hemos empezado a adelgazar

 

duerme mi nena también a los hombres

cuando pasean sus colas de pavo real

sumiendo a las lunas en la oscuridad

 

mas despierta tus ojos a la primavera

vive con quien no tiene ganas de vivir

porque otros les soñaron pesadillas

 

despierta como una niña que despierta

en el mundo de las caricias

no en el de las balas y la deuda externa

 

desperézate de las palabras que atan

y suéñame enredado en tus senos

donde la vida nos encuentra mañana

 

el fin de la historia

 

ya no tiene sentido la normalidad

ha llegado el momento de los disturbios espirituales

de cortar la calle con macetas

 

plantar magnolias en las autopistas

arruinar el futuro sembrando esperanzas

poner comas entre sujeto y predicado

 

correr de espaldas palpando el presente

condenar sin juicio, enjuiciar sin condena

subir de dos en dos las escaleras

 

abrir de par en par las ventanas

de los viejos aposentos modernos

vaciar las estanterías metálicas

 

acudir silbando a la biblioteca

enarbolar banderas transparentes

que no nos amordacen los ojos

 

sorprendernos abrazados al paria

al que vino de lejos, a la prostituta

matar de risa al desamor

 

ir a la oficina de empleo cantando a puccini

pagar la ópera con la cartilla del paro

recitar poesía desde el patíbulo

 

construir con firmeza en las nubes

y cada noche, soñarse escondido en el jardín

ignorando elecciones generales y tarjetas de crédito

 

Del libro Ángeles sin cielo (Ediciones Vitruvio, Madrid, 2003)

 

aventuras de barrio

 

mis aventuras son de aquí de barrio

 

de amores imposibles cuando descubres a la chica

que en el tren te mira a los ojos cada mañana

haciendo cola en el banco con su novio

 

de miradas furtivas en la misa de once

que acaban en una cita en el discobar

 

de bares con olor a frito donde se niegan penaltis

 

de goles marcados al sábado

como si en ello nos fuese la vida

 

de aceras por descubrir

ínsulas extrañas do luchar contra los coches

los nuevos gigantes sancho

 

de valiente muerte juvenil

sobre las ruedas del fin de semana

 

de equipo de piernas para sillas de ruedas

 

de mujeres con depresión

que se asfixian subiendo al cuarto piso

 

de david ecologista intentando abatir

a goliath ministerio de obras públicas

 

de cola del paro y ley de extranjería

 

de olmos y plátanos por palmeras y lianas

 

sin salir de mi ciudad

el mundo se ha convertido

en una apasionante aventura

 

solo en barcelona

 

uno no se siente más yo

que cuando está solo en una ciudad que no conoce

y además hay calles desabridas

con hileras de dos faros que no se detienen

y oloroso silencio frente a la sagrada familia

ese esqueleto de fantasma

cuyas puntas se pierden en la noche del cielo

y el viento sopla frío

y las farolas están tristes

y las palmeras quedan ridículas en aquel frío

y por fin la rambla

donde paseamos todos los forasteros

y miramos cómo recogen las flores

y las putas tan jóvenes y negras

–como en tantos lugares–

y bajamos los ojos

y alguien mira y hace señas

y la ciudad es hostil de repente

y coges el metro en drassanes

hasta el frío hostal donde te alojas

y en la habitación piensas estás solo

pero es que esta vez querías estar solo

 

por eso es mejor que ella no haya venido

y hubiese mar y olor silencioso

fantasma de sagrada familia y ciudad que no conoces

farolas tristes y la rambla

forasteros y putas y metro

y la habitación del hostal donde estás solo

porque esta vez quieres estar solo

 

Del libro Asamblea de palabras (Ediciones Vitruvio, Madrid, 2007)

 

cansancio ajeno

 

hay cada mañana una mujer maría

que se sienta al borde del abismo de su cama

mira hacia abajo antes de saltar

y duda sin remedio de si irá al trabajo

 

hay cada tarde un hombre manuel

que se sienta cansado en un banco del gimnasio

mira su peluda barriga que no baja

y piensa en sacar mañana todo su dinero e irse

 

hay también cada mañana un joven raúl

que coge sus libros para ir al instituto

mira con ojos dormidos el desorden de su mesa

y encuentra el cedé que le gustaría quedarse a escuchar

 

hay cada atardecer una abuela cipriana

que abandona con paso cansado el cementerio

mira con envidia la tumba del marido

y siente que pronto se liberará de su pesado cuerpo

 

hay cansancio en estos días extraños

y aunque me levanto de la mesa y lo dejo

me dan ganas de escribir al final del poema

que tal vez sean mis ojos los que se han cansado

 

niños y niñas

estás y ya no estás

dicen que hay muchos niños

que mueren de hambre cada día

estás y ya no estás

 

y otros niños nacen cada mañana

como las nubes que no sabes donde

qué tierras mojarán

 

a veces hay nubes que están

en el cielo mucho tiempo

y un día ya no están

como los niños que a veces ya no están

 

pero el agua que dejaron las nubes

pueblan cada tierra de raíces

como los niños muertos

 

Del libro Casa de aire (Ediciones Amargord, Madrid, 2009)

 

De la serie ‘Casa de aire’

 

XIII

 

Enseñas

la foto de tus hijos

cuando te piden

el carnet de identidad.

 

 

De la serie ‘Ríos de gente’

 

8,47 a. m.

 

El niño tira la piedra,

muere el pájaro contra el tronco del árbol.

La piedra cae al suelo partida en su frialdad.

El niño mira el pájaro un segundo,

la sangre saliendo por el pico.

Se vuelve, se va sonriendo.

 

El barrendero recoge

pájaro y piedra

en su carro de basura.

 

Del poemario inédito Recuerdos de mi muerte

 

Abuelo

 

Llegábamos siempre de noche a aquel pueblo entrañable.

Sus habitantes, envueltos en el viento, sonreían.

Al entrar en la casa nos esperaba el olor familiar de una sopa caliente.

Los besos, los abrazos.

Abuela cubría nuestros pequeños cuerpos con sábanas de franela,

con aquella manta que tanto nos picaba.

A mi hermana y a mí nos asustaba el brillo opaco de la cruz

sobre nuestras cabezas, con su Cristo esperando un abrazo.

 

Abuelo nunca aparecía los viernes.

 

El sábado salía el sol en aquel pueblo.

Sonrosado, con su traje de pana, la boina limpia,

oliendo a aquella colonia rocosa, Abuelo entraba feliz en mitad del desayuno.

Rompíamos el silencio cómplice de la espera para saludarle entre risas.

Gotas de colacao y migas de madalena festejaban entre tazones de barro.

Le abrazábamos, roble que nos acogía entre sus ramas robustas.

Alborozados, nos subía en aquella impoluta bicicleta

que siempre recordaré apoyada en la cal de la entrada.

Con su impecable color marrón y su alazán de tintes dorados.

Nos paseaba por las estrechas calles mientras, risueños,

saludábamos a las señoras y a los gatos; aquellos sábados sobre dos ruedas…

 

El domingo, somnolientos, restregándonos con fuerza los ojos,

acudíamos a misa en la pequeña iglesia del pueblo.

Mi hermana y yo, muy juntos, imitábamos el gesto de los mayores

cuando recibían en sus bocas la sagrada forma.

Por la tarde había que marcharse.

Abuela nos cubría de besos y caramelos. Abuelo desaparecía de la casa.

Nos esperaba en la carretera y, al pasar, nos saludaba con ternura, sonriente;

con su bicicleta apoyada en algún árbol.

 

Un año,

tras otro,

y otro año.

No tardamos en crecer. Tampoco tardó Abuelo en morir.

La bicicleta siguió presidiendo la entrada de la casa.

Los habitantes del pueblo fueron pareciéndonos, poco a poco, menos felices.

Mi hermana dejó de ir. Abuela también murió;

se abrazó muy fuerte a su marido cuando la enterramos.

 

Un día, el brillante alazán quedó borrado por el ocre orín del hierro.

Mi padre llevó la bicicleta al vertedero que estaba en la carretera.

La dejó apoyada en un árbol caído.

Al marcharnos la vi, y a Abuelo saludando con su sonrisa de ternura.

Nunca quise volver.

 

 

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Comentarios Bravísima la poesía de Francisco Cenamor

precioso mira aparte de las poesias algun ratejo de tiempo ire a tu blog pues su biografia o formato escrita por ti me a encantado esa sensacion
Me ha encantando todo ... pero sobre todo "Cansancio ajeno"
... mucha ternura y mucho desamor ... poemas preciosos para almas blancas
Tú como siempre ... maravillosa.
Un placer aparecer por aquí. Gracias por tus palabras.
Un abrazo.
Francisco Cenamor Francisco Cenamor 09/06/2010 a las 19:06

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