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Apuntes de literatura: Características generales del romanticismo

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Características generales  del Romanticismo

 

 

            El término romántico designa no sólo un estilo literario sino una forma de estar en el mundo.  Frente a la razón y el orden imperantes en el siglo XVIII, el espíritu romántico opone la sensibilidad, la imaginación y la libertad como valores máximos. Este movimiento refleja asimismo el malestar cultural de una época, una protesta contra la idea de que la razón es capaz de explicar el mundo, en detrimento del espíritu y las emociones. No obstante, no se puede reducir el romanticismo a esa dicotomía frente al neoclasicismo;  ambos, por ejemplo,  rastrean en las raíces grecolatinas, ambos sienten esa fascinación por los personajes clásicos (aunque los románticos admirasen sobre todo los personajes torturados de la tragedia o mitología greco-latina).

            Recordemos algunos de esos grandes autores románticos. Los alemanes (Goethe, Novalis, Hölderlin), los ingleses (Byron, Shelly, W. Scott), franceses como Lamartine, Víctor Hugo, o italianos como Loepardi y Manzini. En el caso de España, el romanticismo no fue un movimiento tan exaltado, sin embargo Espronceda, el Duque de Rivas o Larra se acercan a ese malestar romántico, que tiene como eje, el conflicto del yo consigo mismo y con la realidad. Es una lucha en un universo pesimista donde el desengaño y el fracaso oscilan por esa búsqueda incesante, ese deseo de ideal inalcanzable.

            La concepción de la realidad se polariza hacia un alma conflictiva, dinámica, en la que la intuición, la pasión y el enaltecimiento de los sentimientos intentan captar una nueva realidad  Recordemos, por ejemplo, esa disociación existente entre la naturaleza estilizada que aparece en la poesía neoclásica, con su exaltación de los jardines o los estanques,  frente al paisaje agreste y embravecido, trasunto de los estados interiores del alma: la tormenta, el mar embravecido, el bosque tenebroso, escenografía donde se mueve la fantasía romántica.  

            Hay un cambio de actitud. El hombre romántico se aísla del entorno. Consciente de su capacidad creadora, se rebela contra todo tipo de normas. En esa búsqueda que anida en su interior, en el inconsciente, el romántico  se refugia en su egocentrismo, ansía un ideal inefable que no consigue y de ahí la frustración y el desarraigo. Es un hombre consciente de vivir en un mundo inarmónico, desacralizado, un hombre que se enfrenta a su identidad, que se siente asfixiado y desconfía de las opciones colectivas.

            El romántico se siente profundamente desmoralizado por la ruptura de los ideales políticos de la Revolución Francesa, de manera que  se siente un desarraigado sin patria.  En ese autoexilio dirigido sueña con épocas pretéritas, como la Edad Media o  espacios exóticos, como  Oriente. Los ideales caballerescos le fascinan y siente como propia la angustia de Don Quijote, la búsqueda de la libertad, la huída, el deseo de retornar a la Edad Dorada. Su fascinación por el gótico o por esos personajes misteriosos de los Romances, guían su fantasía, hasta el inconsciente.

            En esa lucha, siente el hermanamiento con todos los desarraigados, de ahí que Byron, un alma atormentada, melancólica y cargada de leyenda que oscila entre la luz y la oscuridad, se convierta en prototipo. Todos los personajes convulsionados, capaces de crearse alter egos y mostrar diversas máscaras le fascinan: Caín, los personajes demoníacos, Prometeo; se transforman a sus ojos en vías de escape, de misterio. En la mujer  también encuentra: su pasión puede focalizarse tanto hacia personajes angelicales y frágiles, capaces del amor más abnegado; como hacia personajes satánicos, símbolos de la tentación, que conducen al héroe a un fin aciago, pero del  que no puede huir.

            Los temas eternos vuelven a mostrarte y se tiñen de tonalidades pesimistas y negativas: el amor incondicional, la libertad, la muerte, el paisaje como trasunto del alma, la búsqueda del ideal inefable.

            Las eternas respuestas sobre el sentido de la vida y el ansía de huída hacia un espacio idílico e inexistente es continúa. El romántico protesta contra la vulgaridad, la falta de ambición, la opresión y la injusticia de su entorno. Es habitual que proyecte su desagrado en el simbolismo de su obra, en el paisaje. La naturaleza es el trasunto de su conflicto interior. Una naturaleza en desarmonía, en perfecto movimiento. El movimiento cinético de los elementos se torna convulso: el mar embravecido, las ruinas, la noche tenebrosa y su luna. Ese movimiento cinético es un reflejo de la oscilación de las pasiones, de la grandiosidad de sus fantasmas interiores. Si aparecen las ruinas estas ponen de manifiesto el conflicto existente entre el mundo natural y artificial. La naturaleza está viva y su fuerza es incuestionable, pero el mundo del artificio, lo que rodea al hombre, su arte y su historia  está putrefacto, eso es lo que se desmorona. Los imperios pasan y sólo dejan ruinas. En contra de la naturaleza que es capaz de regenerarse continuamente, los impulsos del hombre chocan y se deshacen en virutas de humo, se pierden. En contra de la idea neoclásica que confiaba en el hombre, en que el caos era organizable, el romántico siente que todo está en demolición, que los cimientos de la civilización se desmoronan.

            De ahí que haga hincapié en la noche. Ese tremendismo agudiza si cabe más el colorido de la muerte, que a su vez se nos muestra en una escenografía desmesurada e histriónica: Cementerios, sepulcros, ruinas; elementos que nos recuerdan el paso del tiempo, la negación del yo, la anulación del individuo y que redescubren el pesimismo barroco. Aunque Rousseau creyera que el propio hombre era capaz de liberarse de sus cadenas, al romántico le cuesta hallar el camino hacia la libertad, la búsqueda de ese privilegio.

            El amor, por su parte, le conduce a la melancolía. Los románticos crearon toda una mística sobre el amor. Según ella, la inefabilidad del amor nos acerca al absoluto, pero el amor se construye en una morada utópica, más allá de la muerte. La pasión conduce a una cárcel de sentimientos exacerbados que nos destruye en vida; sólo, después de la muerte puede salvarnos el amor.

            En definitiva el romántico es un ser que se desnuda frente a sus máscaras, en un intento por expulsar sus fantasmas interiores. En esa búsqueda de un orden nuevo, reinventa el viejo código caballeresco, que lucha por la libertad, la bondad y que denuncia las injusticias sociales. Su exaltación de todo lo humano, le conduce a la frustración. Es un humanista frustrado, es consciente de que las personas nacen libres, pero la civilización, el mundo, el entorno, las asfixia. El hombre se desnuda frente a sus máscaras para expulsar sus fantasmas interiores. En ese intenso elogio de la locura se muestra su identidad, que se sitúa fuera del mundo alienado y distante, fuera de la masificación.

Aghata

Querido Guillermo: Me encuentro en un estado que debe parecerse al de los desgraciados que antiguamente se creían poseídos por un espíritu maligno. No es el pesar, no es tampoco un deseo ardiente, sino una rabia sorda y sin nombre que me desgarra el pecho, me anuda la garganta y me sofoca. Sufro, quisiera huir de mi mi mismo, y paso las noches vagando por los parajes desiertos y sombríos en que abunda esta estación negativa. Anoche salí. Sobrevino súbitamente el deshielo y supe que el río habia salido de madre, que todos los arroyos de Walhlheim corrían desbordados y que la inundación era completa en mi querido valle. Me dirigí a él cuando rayaba la media noche, y presencié un espectáculo aterrador. Desde la cumbre de una roca vi, a la claridad de la luna, revolverse los torrentes por los campos, por las praderas y entre los vallados, devorándolo y sumergiéndolo todo; vi desaparecer el valle; vi, en su lugar, un mar rugiente y espumoso, azotado por el soplo de los huracanes. Después, profundas tinieblas; después, la luna, que aparecía de nuevo para arrojar una siniestra claridad sobre aquel soberbio e imponente cuadro. Las olas rodaban con estrépito..., venían a estrellarse a mis pies violentamente... Un extraño temblor y una tentación inexplicable se apoderaron de mí. Me encontraba allí con los brazos extendidos hacia el abismo, acariciando la idea de arrojarme en él. Sí, arrojarme y sepultar conmigo en  su fondo mis dolores y sufrimientos. Pero ¡ay! ¡ qué desgraciado soy! No tuve fuerzas para concluir de una vez con mis males, mi hora no ha llegado todavía, lo conozco. ¡Ah, Guillermo!, con qué placer hubiera dado esta pobre vida humanoa para confundirme con el huracán, rasgar con él los mares y agitar sus olas! ¡ah!, ¿ no alcanzaremos nunca esta dicha los que nos consumimos en nuestra prisión? ¡Qué tristeza se apoderó de mí cuando mis ojos se fijaron en el sitio donde había descansado con Carlota, bajo un sauce, después de un largo paseo!

También allí había llegado la inundación y a duras penas pude distinguir la copa del sauce. Pensé entonces en la casa de Carlota, en sus prados... El torrente debía haber arrancado también nuestros pabellones y destruido nuestros lechos de césped. Un luminoso rayo del pasado brilló delante de mi alma, como brilla en los sueños de un cautivo una ola de luz que le finge praderas, ganados o grandezas de la vida. Yo estaba allí de pie...; ¡ah! ¿ es que me falta valor para morir? Yo debía... Y, sin embargo, heme aquí como una pobre vieja que recoge del suelo sus andrajos y va, de puerta en puerta, pidiendo pan para sostener y prolongar un instante más su miserable vida.

Goethe

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Comentarios Apuntes de literatura: Características generales del romanticismo

Gracias Aghata.


Vamos a alimentarnos con estos textos ;-)


AQUISIEMPREAPRENDO

lerna Lerna 02/02/2009 a las 15:42

muy interesante todo y ps me ayudo mucho en mi tarea...hay quienes dicen no me sirvio de nada porque al menos te enriqueciste con un poco de informacion

erika erika 31/07/2009 a las 02:13

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