Avisar de contenido inadecuado

Apuntes de lengua: Semántica

Semántica

  TAGS:undefined

fotografodeboda/Valencia/http://www.jfrechina.com/

 

 

Introducción

 

Entendemos en primer lugar que La Semántica es la disciplina lingüística que estudia el significado o, más bien la significación. Por eso quizá conviene precisar  en primer lugar qué entendemos por significado. En términos generales, se supone que todos los hablantes de un idioma conocen el significado de las palabras que usan, pero esto es erróneo, entre otras razones porque una palabra puede ser usada con diversas acepciones, pues la mayoría de las palabras no presentan un significado unívoco, sino que varían dependiendo del contexto en el que son empleadas. El hablante intuye cuál es el significado preciso de esa palabra, pero siempre existen palabras que se le escapan, que es incapaz de precisar, ni siquiera por el contexto en el que son enunciadas.  Cuando realmente conoce su significado es cuando es capaz de utilizar con propiedad, porque sabe cuáles son sus acepciones y en qué contextos puede utilizarla.  El significado funciona en el lenguaje con unas normas que posibilitan que todos los hablantes compartan esas delimitaciones o lexías, aunque también es frecuente que las palabras adquieran rasgos diferenciadores en determinadas zonas geográficas, en ocasiones se trata de matices, en otras, de verdaderas diferencias.

También debemos tener en cuenta la distinción que existe entre significado denotativo y significado connotativo. Ambos rasgos sirven para conocer lo que significa una palabra. El significado denotativo es el conjunto de rasgos que definen el concepto de un término. El significado denotativo de chucho –por ejemplo- se identificaría con el concepto, perro. Pero si atendemos a su significado connotativo debemos reconocer que chucho, añade un matiz despectivo. Por eso el significado connotativo es el conjunto de asociaciones que posee un término, al margen de su concepto.

Generalmente identificamos el significado connotativo de una palabra con el significado subjetivo y personal. Por ejemplo, para un creyente, la palabra ateo es despectiva, mientras que para una persona que no se considera creyente, el rasgo despectivo desaparece. En este caso, el rasgo despectivo lo determina el uso en determinados contextos. Sin embargo, se trata de un significado connotativo subjetivo. La lengua posee también términos con significados connotativos objetivos y aceptados por toda la comunidad lingüística. Palabras como seguridad, moda, materna, precisión o novedad poseen un sentido fuertemente connotado con un rasgo positivo que les aporta una aceptación y valoración generalizada por el hablante, es decir, son términos ante los que el hablante actual adopta una actitud positiva. De hecho, si observamos los mensajes publicitarios, políticos, periodísticos o ideológicos comprobamos que se utilizan para atraer el beneplácito del receptor. Tengamos en cuenta la importancia que adquieren los medios de comunicación en esta polarización subjetiva de las palabras. De hecho no en vano son expertos de la manipulación y utilizan las palara como herramientas eficaces de propaganda, por lo que hay que estar muy atentos para no aceptar sus roles, para adquirir una opinión propia de la realidad que no esté mediatizada por sus juegos.

 

Para el estudio del significado vamos a partir de dos premisas: la que alude  a los elementos que constituyen el signo y la que tiene en cuenta  su  funcionamiento dentro de la comunicación.

 

Del esquema bipartito de Saussure del signo –sigt,/sigdo- se paso a esquemas triangulares como los de Ogden y Richards o Ullman, que añaden un tercer elemento: el referente, es decir, la cosa o realidad. Si bien ésta es exterior al signo, éste sólo existe porque señala a un referente.  Según esto la arbitrariedad del signo radicaría en que un significante designa una cosa; mientras que, por el contrario, la relación entre sigte y sigdo se presenta como necesaria para los hablantes de una lengua. La significación sería entonces la relación existente entre los dos planos del signo lingüístico  o entre dos de los vértices del triángulo, o sea, entre sigte y sigdo. En cuanto a la relación del signo en su integridad con el referente,  ésta se denominaría designación.

 

Pero el significado también puede definirse según su uso. Así se ha llegado a afirmar que el significado es el uso mismo; esto es, aquello para lo que se sirve en  un  proceso  de comunicación. Palabras como “desastre” ante un terremoto o ante un examen,  expresiones como “buenos días” pronunciadas un frío día de Enero, poseen un significado que parece proceder no de un sistema de valores inventado previamente, sino de una diversidad de situaciones de elocución que determinan usos variados.  Ambas definiciones pueden quizás conciliarse si entendemos que los signos poseen un significado en la lengua, el cual necesariamente se realiza en el habla; en un acto lingüístico, individual y concreto.

 

La Semántica como disciplina lingüística.

 La Semántica no es una disciplina que haya tenido una larga tradición dentro de la Lingüística, sino una disciplina relativamente nueva, que tuvo sus inicios en el siglo XIX y un desarrollo bastante acelerado a partir de la publicaciones de Breal en 1933: Essais de Semantique y Les lois Intellectuales du Lenguaje. No obstante, ya los griegos diferenciaban entre nominalistas/ realistas. Los primeros  consideraban  que las palabras eran el nombre de las cosas (siguiendo a Aristóteles), mientras que los segundos defendían una relación intrínseca entre las palabras y las cosas (Platón).

 

Breal, por su parte, se propuso el estudio de los cambios de las palabras. El estudio del significado partió  de su eje  diacrónico. Así en un principio el método de trabajo es logístico. Se pensaba (Bloomfield) que el significado en su estudio sincrónico era imposible de delimitar, al menos desde un punto de vista científico. Los estructuralistas europeos piensan que el léxico es difícilmente reducible a modelos estructurales que puedan ser estudiados (Vogt) o que no está estructurado de igual manera en todas sus partes (Martinet),  incluso que está formado por términos inconexos a partir de un número infinito de elementos (Ullman).

 

Fue Hjelmslev quien propuso que las unidades significativas mínimas debían ser estudiadas, de la misma manera que lo eran las figuras del  plano de la expresión en fonemas. Así pues a esas unidades de significación (que hoy actualmente llamamos semas, sememas), las llamo pleremas. ( de ahí su diferenciación entre plano pleremático y cenemático). 

 

Los estructuralistas americanos, por su parte, aportaron el análisis componencial.  .La diferenciación entre rasgos semánticos distintivos y rasgos no distintivos. El producto de este estudio remitía a Aristóteles y su teoría que consistía en buscar el significado de un término, anunciando un género próximo (vehículo) y su diferencia específica. Bloomfield  atiende al análisis del comportamiento del sujeto (behaviorismo). La significación de una palabra o unidad es la respuesta que provoca en el auditor. Esto permite explicar el aprendizaje del vocabulario en el niño que requiere un rodaje social y un aprendizaje continuo. Por su parte la teoría analítica-referencial refiere que existe una relación recíproca y reversible entre el nombre y el sentido (información que el nombre comunica al agente). Si uno oye la palabra piensa en la cosa (referente) y si piensa la cosa dirá la palabra. (Ullman).

 

La teoría contextual, asume  que una palabra no tiene ningún sentido fuera de su contexto. Wittgenstein: “Una palabra no tiene significación, sólo tiene hablante”. Si separamos  las palabras del contexto pierden el significado de uso. Explica este autor que nadie puede usar una palabra que antes no ha entendido. Su análisis  parte de procedimientos distribucionales y utiliza unidades suprafrásticas mediante el análisis de fragmentos lingüísticos amplios.  Guiraud –por su parte- diferencia  el sentido de base, el sentido contextual y el sentido extranocional o el valor:

 

“Cada palabra tiene un sentido de base y un sentido contextual: es el contexto el que precisa el concepto preciso. Toda palabra está ligada a su contexto, del que extrae el sentido.”

 

El concepto de valor hace referencia según él a contexto extranocional. Se trata de los valores expresivos que dependen de la función comunicativa del lenguaje y los valores sociocontextuales  del interlocutor. Los signos lingüísticos poseen, además de su significado denotativo, diversos sentidos que proceden del uso que de ellos hace el hablante. Tales connotaciones- muy difícilmente sistematizables son variadas: sxiológicas e ideológicas, es decir, en relación con valores e ideologías (piénsese en las que comportan términos como patria, libertad o anarquía); de procedencia geográfica o social del hablante (maseta/maceta, guaje, pasma) o de edad o profesión (guateque, mates, cliente), de situación de elocución en que el hablante, el oyente o ambos se encuentran, etc.

 

 Las connotaciones de las palabras raramente son individuales, a no ser que alguien elabore su propio idiolecto, cuyas claves debe dar a conocer si quiere ser comprendido. La connotación puede –en ocasiones- recubrir casi totalmente el significado denotativo, el núcleo conceptual básico de una palabra,  como ocurre en poesía. En el registro coloquial la connotación es importante: porque lo expresivo y lo apelativo se hallan en el centro mismo de la comunicación. La lengua literaria también moviliza significados connotativos y aún los crea; por el contrario, las lenguas científicas, donde el emisor y el receptor están idealmente ausentes, son un terreno que apelan a la denotación, al sentido unívoco de las palabras..

 

Concepto de campo semántico

 

La Semántica estructural, que parte de los presupuestos de Saussure y su atención sobre las “relaciones asociativas”, postula que toda unidad léxica está integrada en un sistema,  por lo que debe ser definida en el seno del mismo estableciendo las oportunas oposiciones del significado con el resto. Retoma el concepto de campo y utiliza además los procedimiento de descomposición del significado en unidades menores y de conmutación de éstas para establecer los campos semánticos, o sea,   constelaciones de términos  cuyos significados pueden construirse unos a partir de otros por suma o resta de una o varias unidades mínimas de significación.

 

La lexía será toda unidad dada como palabra simple en una lengua. Los  semas,  los rasgos distintivos mínimos, el seméma la reunión de semas diferentes, el archisemema, el sema o el conjunto de semas comunes a varios semenas. Según esto el estudio de los cambios de significado supone aceptar la posibilidad de articular semánticamente el vocabulario de las palabras, partiendo del concepto de valor que establece el significado de un signo por el lugar que ocupa.

           

Cuando estudiamos el campo semántico, debemos atender al conjunto de palabras, pertenecientes a la  misma clase gramatical, que se reparten una zona de la designación próxima y poseen, en consecuencia, un significado también próximo: comparten al menos un sema que es la base de la comparación  de los elementos que forman el campo y se oponen al menos por uno.

 

Se tendrá en cuenta  que cada lengua estructura de forma distintiva sus campos semánticos En una palabra como pared las distinciones que ofrece el español, con sus cinco lexemas comunes (pared, muro, tabique, tapia y muralla) son muy notables. En latín sólo se distinguía “paries” y “murus” y la oposición se basaba en los rasgos de interior/ exterior. En francés todo es “mur”, diferenciándose a lo más “cloison” (tabique); y en inglés, salvo “rampart” (muralla), lo demás es “wall” seguido del adjetivo que pueda corresponderle. El español se encontró con la voz prerromana “tapia” y luego con el arabismo “tabique” y eso le ha permitido esta estructuración peculiar del campo. Véase  también  como se denomina hermano y hermana, en francés, húngaro y malayo. En húngaro tiene cuatro formas: bátya, öcs, nene, hung; en  francés dos: frère, soeur. Todos estos ejemplos explican que la lengua como sistema de signos es la encargada de representar una determinada realidad, designar el mundo, crear la realidad, ponerle límites, estructurarla para que sea inteligible etc.

 

A su vez, los campos semánticos se relacionan con otros campos semánticos a través de lexemas puente o unidades léxicas pertenecientes a más de un campo semántico y a más de un paradigma léxico. Según esto  tapia y muro, que formarían parte del campo semántico de pared, se relacionarían con otras unidades “como “valla, empalizada, alambrada, que no poseen el sema de “interior”. En definitiva tapia y muro son unidades poliparadigmáticas, pues pertenecen a más de un paradigma léxico o campo semántico.

 

 

 

 

Relaciones semánticas entre las palabras

 

Puesto que las lenguas no son nomenclaturas para designar realidades previamente delimitadas, parece lógico que en los signos lingüísticos no se dé una relación unívoca entre sigte  y sigdo: un sigte puede comportar más de un significado y un significado expresarse por medio de varios sigtes.

 

A un sigte le corresponden varios significados:

 

 

Homónima: Palabras que teniendo la misma constitución fonológica se diferencian por el sigdo.

Los rasgos de los dos sigdos son independientes: un sigte como bala se refiere tanto a la bala de algodón como a la bala de fusil

Los homónimos pueden serlo: lexicales (onda y honda, botar y votar, ojear y hojear etc., o gramaticales –es decir-  los que no pertenecen a la misma categoría gramatical  (cabe verbo y cabe preposición) o los que perteneciendo a la misma categoría se diferencia por alguna marca morfémica : el pez , la pez. Existen también  homónimos léxico-gramaticales que son los  que se han formado a través de un cambio de funciones: poder (verbo) y poder (sustantivo). Incluso meramente morfológicos: al producirse diferentes formas de una sola palabra (decía, primera y tercera persona del imperfecto de indicativo)  o fonosintácticos: un novillo /un ovillo, la amiga/ la miga

Si la homonimia va acompañada de la homografía estamos ante homónimos absolutos. Cabe (preposición) / cabe (verbo), mientras que si no es así serán homónimos parciales.

La causa principal de la homonimia es la evolución  fonética convergente de palabras distintas procedentes de un período anterior (homónimos etimológicos). Cuanto más desgaste fónico hayan sufrido las lenguas en su evolución  y por tanto, hayan formado palabras muy cortas (monosílabos), tanto más frecuente será la homonimia. La delimitación geográfica ocasiona abundantes homónimos: cebo/sebo, caza/casa. Lo mismo en los casos de yeísmo  haya/halla etc. La homonimia también puede darse ocasionalmente a causa de procesos fonosintácticos. Un novillo/ un ovillo; la amiga/ la miga etc.

 

Para salvaguardarse de la homonimia la lengua se vale, tanto de procesos morfosintácticos (como el hecho de los homónimos pertenezcan a categorías gramaticales distintas), como también del contexto.  Pero la lengua también puede recurrir a determinados procedimientos para evitarla:

 

El género gramatical es eficaz: el orden/ la orden, el pez (la pez (lat< pix, piscis), el guía / la guía etc.

 

El número gramatical puede realizar la diferencia: hinojo/ hinojos; esposa/ esposas.

Por ligeras modificaciones , bien cambiando un sonido o introduciendo uno nuevo: especie y especia, derivan del mismo étimo latino species.

Realizando una modificación preventiva en la evolución de la palabra: por ejemplo la conservación de la f: fijo (fixu)/ hijo (filius); fie (fidele) /hiel (fel).

 

Si la homonimia aún se llega a producir la lengua dispone de procedimiento de sustitución de un elemento por otro. En latín oleum, evolucionó sólo hasta olio, podía haber seguido hasta ojo, pero para evitar la colisión con ojo (oculum) se tomó el étimo árabe.

 

La polisemia: Una misma palabra puede tener en una época dada significaciones diferentes; es una noción puramente sincrónica, que puede tener importantes consecuencias de orden diacrónico, ya que las palabras pueden adquirir nuevas acepciones sin perder su significado primitivo. Este fenómeno es importante para la economía del lenguaje.  Se trata pues de un significante, cuyos significados coinciden parcialmente. Por ejemplo la concha de un molusco y la concha de un escenario. Tienen en común: la forma cóncava, en su interior se puede alojar un ser vivo.

 

Fuentes de la polisemia: la transferencia del sentido, bien se realice por semejanza (hoja se dice de una cosa, ancha, plana y más o menos delgada: hoja de papel, de oro) o por contigüidad. Se diferencia de la metonimia porque en la última, lo que se produce es la transferencia del nombre (un jerez por una copa de jerez); la sustitución de las acepciones,  como la palabra  pluma se empleaba para escribir, de ahí pluma; la influencia de palabras extranjeras, etimológicamente iguales, sobre las palabras autóctonas correspondientes: Mayoría, referido a mayoría de edad, ha tomado el sentido del mayor número según el calco inglés, correspondiente majority, lo mismo ocurrió con minoría.

 

La metaforización: En la metáfora, un significante acepta otro significado distinto al propio en virtud de una comparación no expresa. Es un caso particular de polisemia, en el que se produce una reducción de significado. Aunque es un recurso esencialmente estilístico, puede llegar un momento en que pierda su función estilística, por desgaste y se incorpore a la lengua común.

Se pueden clasificar en:

a)metáforas antropomórficas: nombres de partes del cuerpo para designar objetos inanimados: de cabeza, cabeza de familia, de puente, de viga. Igual con brazo: brazo de mar, de una cruz etc. Muchas veces también las partes del cuerpo reciben nombres de animales o de objetos inanimados. Columna vertebral, espina dorsal, nuez, músculo (de musculus, ratoncito).

 

b) metáforas de animales: Se centran en dos direcciones: Aplicación de nombres de animales a plantas y a objetos inanimados. Pata de gallo, barba de chivo, diente de león, boca de dragón. También es habitual la aplicación de nombres de animales a la esfera humana. una persona puede ser un lince, un león, un burro, una rata.

 

c) metáforas sinestésicas. Asimilación de un sonido a un color, de un color a un olor, etc. Un color cálido, una voz cálida, una voz clara, oscura. Algunos adjetivos como dulce se prestan a trasposiciones en todos los sentidos.

d) de lo concreto a lo abstracto. Por ejemplo, la palabra spiritus significa soplo, después soplo vital, y finalmente alma; mientras que animus, anima está emparamentada con el griego  y significa viento.

  

A un significado le corresponden varios significantes

 Sinonimia. En la sinonimia a un significado le corresponden dos a más significantes. La sinonimia total o absoluta no existe en las palabras, porque realmente una palabra es siempre polisémica. Este tipo de sinonimia si se puede dar entre los morfemas gramaticales que son monosémicos, por ejemplo, entre los sufijos que indican el lugar de origen: ano (asturiano),  ense (tarraconense), eño  (malagueño), ino (salmantino) o los de una profesión u oficio: ario (bibliotecario), ista (telegrafista, periodista).

 

Los significados totales o absolutos son, pues, aquellas unidades lexicales que pertenecen a la misma categoría gramatical y tienen significados absolutamente idénticos: asno, burro y pollino pueden aplicarse al mismo animal. Si en las palabras es prácticamente imposible encontrar sinónimos si aparecen en  secuencias más o menos estereotipadas, que suelen diferir en alguno de sus componentes. Irse a la francesa, despedirse a la francesa.

 

Son raros los sinónimos totales. Los que dan los diccionarios, de manera aislada, pueden serlo, pero la mayoría de las veces en un contexto determinado, pierden el carácter de sinonimia total. Por ejemplo minúsculo e ínfimo son sinónimos de pequeño, pero minúsculo se refiere al tamaño, mientras que ínfimo, hace referencia a una jerarquía u ordenación, al último de cuyos grados se refiere.  Otro sinónimo de pequeño puede ser exiguo pero se distingue de aquél por una nota desfavorable, la idea de insuficiencia que se combina con la pequeñez. Lo mismo ocurre con esbelto y delgado, la oposición se debe a que esbelto es una delgadez elegante.

 

Algunas unidades se pueden conmutar en unos casos y no en otros: Se rompe un papel,  una tela, una taza, un vaso. Pero sólo se quiebra una taza, un vaso y no se quiebra un papel o una tela.

Por lo tanto la negación de la existencia de sinónimos se ha convertido en un axioma semántico. El ejemplo más claro es el de Ullman que presenta nueve casos de “falsa sinonimia”, exponiendo las causas de la confusión.

  • Un término es más general que otro: rehusar, rechazar.
  • O más intenso: horrendo/ horrible.
  • O más emotivo: cariño/ afecto.
  • Uno es más ideológico o valorativo que otro: matasanos/ médico.
  • O más profesional que otro: cónyuge/ esposo.

_    O es más literario que el otro: tránsito/ muerte

  • Uno es más coloquial que el otro: pirarse/ irse.
  • Uno es más regional o local que otro: chon / cerdo.
  • Uno es propio del lenguaje infantil y el otro no: papá/ padre.

 

Sin embargo desde la perspectiva de la Lingüística del texto, la sinonimia sí que existe, se trata de uno de los mecanismos que proporcionan cohesión y coherencia.  La sinonimia pese a no existir en el plano puramente “léxico”, si que existe en el nivel textual, pues allí lo que interesa fundamentalmente es la “identidad referencial”. Son lexemas sinónimos los que poseen identidad referencial, cuando se refieren a un mismo objeto, acción, proceso, etc.,  de la realidad. Muchas veces las sustituciones se basan en la relación existente entre hipónimos e  hiperónimos: Juan le regaló una rosa. La flor era muy aromática.

 

Metonimia. La metonimia consiste pues en tomar la parte por el todo, el contenido por el continente, el instrumento por la acción y viceversa. Existe pues una relación de contigüidad entre los significados.

 

La contigüidad puede ser espacial:

  • Traslaciones del nombre del lugar a la cosa: pergamino, piel de Pérgamo, ciudad de Asia donde se usó por primera vez para escribir. La bujíavela” tomó su nombre de Bujia, ciudad de Argelia donde se producía cera en gran cantidad.

 

  • Traslación del nombre del continente al contenido. Focus era el hogar donde se conservaba el fuego, pero en tiempos del Impero paso a aplicarse al contenido; de ahí que éste sea el significado que aparece en las lenguas romances.

 

  • Traslación de la cosa localizada al lugar: los pies de la cama, sitio donde se quedan los pies por oposición a la cabecera. Partes de vestido que reciben el nombre de las correspondientes del cuerpo: cuello, costado.

 

  • Traslación delnombre del contenido al continente: libros por la materia: una gramática, una física.

 

 

Metonimia temporal. Del tiempo en que suelen rezarse toman su nombre visperas

(rezo de la tarde) y maitines (rezo de la mañana).

 

Metonimia causal: En estilo ( el nombre del instrumento para escribir (stilus) se ha convertido en el modo como se ejecuta la acción: Tener buen estilo.

 

La sinécdoque, por su parte, es la metonimia que toma la parte por el todo: el cañón, es la  máquina de guerra, sólo significa cilindro hueco (cañón, aumentativo de caña; el cañón de una escopeta): por metonimia pasó a designar toda la máquina. Molino, primero la máquina que muele, luego la máquina en conjunto.

 

Paronimia Afinidad entre los significantes. Se produce entre las unidades léxicas cuyos significantes difieren muy poco desde el punto de vista acústico: Desecar y disecar, adoptar y adaptar, actitud y aptitud.

 

La antonimia se produce entre dos palabras que tienen sentido contrario. Los antónimos pueden ser:

Antónimos gramaticales. Que se forman por medio de un procedimiento gramatical, sobre todo con ayuda de prefijos de sentid negativo: -in, des: humano/ inhumano, proporción/ desproporción, etc.

Antónimos lexicales: que se producen entre unidades lexicales; cuando menor sea la polisemia que contienen las palabras, tanto más absoluta será la antonimia: no/ si, nunca/ siempre; dormirse / despertarse, tónico/ átono.  Por el contrario, cuanto más polisémicas sean las palabras, tanto más parcial será la antonimia, porque sólo uno de los significados de una palabra puede ser contrapuesto a los dignificados de otra palabra. Por ejemplo, libertino se opone a casto y por otro a religioso.

 

Clases de antónimos:

 

a)      Puede tratarse, en primer lugar, de dos palabras en una relación tal que la negación de una suponga la afirmación de la otra. El par de términos acota un referente total que se reparte entre ambos, por lo que estos se denominan complementarios: lícito /ilícito (lo que no es lícito es ilícito y viceversa), muerto/ vivo; casado/ soltero; cerrado/ abierto, etcétera.

 

b)      Dos palabras pueden tener un sentido contrario, existiendo entre las dos una gradación: bueno/ malo ( entre las que cabe, por ejemplo, regular), pobre/ rico, blanco/ negro, etc. Se denominan a estas palabras antónimos propiamente dichos.

 

c)      Ciertas palabras se oponen de manera recíproca, es decir, la existencia de una implica la de la otra.: preguntar /responder; padre/ hijo; comprar/ vender, etc.  Se llaman recíprocos.

 

No obstante, los límites entre estas clases no siempre son fáciles de establecer. Piénsese, por ejemplo, en complementarios que pueden funcionar como antónimos propiamente dichos: al lado de  cerrado y abierto, cabe entreabierto, etc. En realidad, la antonimia afecta a una pequeña parte del léxico: sólo a las palabras que comparten semas que, o bien pueden compararse y graduarse, o bien se encuentran en una relación de oposición y exclusión. Un término como casa carece en la lengua de antónimo, sin perjuicio de que en un texto determinado pueda serlo contextualmente de calle y en otro de chabola.

 

Hiponimia y hiperonimia

 

Existe un último caso de relación semántica. En este caso se trata de la hiponimia y la hiperonimia. Es una relación en la que el signo extenso cubre semánticamente a otro sin que el segundo cubra al primero. En la hiponimia existe una relación de inclusión de significado (Leech). Decimos que el término X es hipónimo de Y si resulta verdadera la afirmación de que todos los X son Y, pero resulta falsa la afirmación de que todos los Y son X. Todos los claveles son flores, pero no todas las flores son claveles. Clavel es un hipónimo de flor. De ahí la  tendencia a confundir hipónimos e hiperónimos con sinónimos.

 

En esta relación G. Salvador indica dos posibilidades:

•          En el caso de que los significantes son distintos, como en  Piel/ cutis la oposición puede neutralizarse  porque uno de los términos puede actuar como archilexema que cubre todo el campo. Se puede hablar de piel y entre toda la piel, incluida la de la cara, pero si hablamos de cutis, sólo nos referimos a ésta y excluye todas las demás.

•          Cuando en una oposición de signo intenso/ extenso coinciden además los significantes: Así ocurre en este ejemplo: pueblo (conjunto de gentes que habitan un lugar) y pueblo (la gente común de alguna ciudad o población, para diferenciarlos de los nobles) suele presentarse la ambigüedad; y de ahí que en el término “democracia” estén presentes las dos significaciones según el punto de vista adoptado por el hablante.

 

El cambio semántico.

 

El cambio lingüístico, que afecta a todos los planos de la lengua, es notablemente más rápido en el significado. El semantista trata de indagar las causas y la forma del cambio semántico, así como el momento en que ocurrió. Si una generación apenas percibe leves modificaciones en el sistema fonológico o gramatical – o no las percibe en absoluto-, reconoce en cambio como determinados vocablos varían, con relativa rapidez  en su significado, a veces por  la expresa intencionalidad de los hablantes;  más a menudo, con olvido del que tenían anteriormente. En otras ocasiones, manteniéndolo y convirtiéndose, por tanto, en polisémicos.

 

Naturalmente ocurre también que ciertas palabras desaparecen del uso, convirtiéndose en arcaísmos, mientras otras nuevas entran por préstamos o creación. En definitiva el cambio comienza con un hecho de habla, obra de un usuario individual o de un pequeño grupo de hablantes, siendo entonces un fenómeno ocasional, que luego se prolonga con mayor o menor rapidez e intensidad hasta integrarse en el sistema lingüístico y ser sancionado por la norma.

 

 

Causas del cambio.

¿Por qué cambian de significado las palabras? La arbitrariedad del signo es fundamento último de un proceso originado por un conjunto de circunstancias que operan tanto desde el exterior de la lengua como en el seno del propio sistema lingüístico.

 

Como el léxico simboliza la realidad extralingüística es claro que los cambios experimentados en esa realidad provoquen cambios en los signos que los representan.  La aparición de nuevas instituciones, o objetos, la elaboración de nuevas concepciones del mundo (valores, ideas, creencias, conceptos científicos) exigen nuevas palabras. Estos neologismos son muchas veces sólo neologismos de sentido: un término ya existente en la lengua altera su significado. Así ocurrió con bujía (antes “vela de cera blanca”), torpedo (de cierto pez a artefacto bélico), coche (de tracción animal a tracción mecánica; cortes (de cuerpo consultivo a cámara legislativa etc.

 

Dos tendencias contrapuestas operan en estos cambios: la especialización y la generalización. Palabras de referencia muy amplia se especializan en algunos ámbitos, para determinados referentes (lidiar, en el lenguaje de la tauromaquia, oficio, en el religioso), etc. Otras de significado muy particular se amplían: (arribar, de llegar la nave al puerto a llegar; camarada, del originario “grupo de soldados que duermen y comen juntos – en una cámara”, a compañero o correligionario.

Con frecuencia los prejuicios sociales y culturales explican el cambio cuando ciertas connotaciones adquieren un peso que llega a modificar su significado básico como ocurre con jesuita ( hipócrita). En suma, para que las palabras modifiquen su significado actúan a un tiempo razones sociales y psicológicas. Unas y otras se dan en el tabú lingüístico.

 

Tabú, es una palabra originaria del archipiélago deTonga (Polinesia) que a través del inglés ha sido incorporada a las lenguas modernas y quiere decir sagrado o prohibido. Para estos pueblos el tabú es la prohibición de realizar determinadas acciones. Dichas acciones se refieren a ámbitos de  la divinidad y objetos de culto, el sacerdote o el rey en cuanto a represente del dios etc.

 

La convicción de que hay zonas de lo real que, siendo de enorme trascendencia para el ser humano, le están veladas, ha sido una constante en muchas culturas. De ahí se distinguen varias clases de tabú:

 

El tabú del miedo. Temor a lo sobrenatural, resuena en el precepto bíblico:” No tomarás el nombre de Dios en vano”. Los hebreos lo sustituyen por señor y denominaciones como el todopoderoso, o el altísimo. La atribución de poderes sobrenaturales a determinados objetos  o acontecimientos determinan un tabú supersticioso: serpiente, se sustituye en Andalucía por bicha, la comadreja se la llama en otro lugar “donosilla” o sea graciosa etc.

 

Tabú del pudor: Se refiere a realidades socialmente reprimidas, como el sexo, determinadas funciones fisiológicas y partes del cuerpo en relación con ambas cosas.

 

El tabú de la delicadeza. Socialmente se prohíbe mencionar aquellas palabras que despiertan significados desagradables, penosos, bien para todos los hablantes en general, bien par un grupo de estos: La muerte, la enfermedad, la vejez, la pobreza. El refrán “no nombrar la soga en casa del ahorcado” expresa bien la fuerza de este tabú. El tabú es la causa del cambio semántico, a pesar de que la palabra se sienta prohibida, la mención sigue siendo necesaria y así otro término sustituye al que se considera tabú. A este término se le llama eufemismo (cuyo étimo griego, quiere decir  hablar bien, decir palabras de buen agüero) que incorpora el significado que tenía al que procede del tabú: lavabo, el de retrete; alegre el de borracho. Son eufemismos: posaderas, impedido, tercera edad, descansar en paz. Algunos son deformaciones fónicas de la palabra tabú, como demontre, rediez, caray, ostras convertidas en interjecciones y no todas de uso frecuente.

 

Muchas veces la reacción ante el tabú no es la atenuación eufemística, sino el subrayado, entre humorismo y crudo, mediante lo que se llaman disfemismos. Abundan los referidos al sexo, a lo excremental y a la muerte (que es, por ejemplo, la pelona como morir es diñarla y un muerto, un fiambre) y que están frecuentes en el habla coloquial y vulgar.

 

Modos de cambio semántico

 

Muchos de estos cambios mencionados se deben a las propias virtualidades existentes en el interior del sistema. Algunos teóricos hablan de causas lingüísticas del cambio; en realidad, ese conjunto de problemas puede considerarse como modos de cambio. Es decir, ¿cómo cambian las palabras de significado?

 Los modos esenciales son la metáfora y la metonimia, que la Retórica antigua estudió en relación con el lenguaje poético, pero cuyo rendimiento es decisivo en todos los niveles lingüísticos.

 La metáfora es un cambio de significado por semejanza de significados: la que existe entre vaso con pie para beber y conjunto de ramas u hojas que forma la parte superior de un árbol, permite expresar ambos con el significante de copa; dorar ( tostar ligeramente un alimento, cresta de una montaña, lomo de un libro, cuello de una botella, Son metáforas, cuyo origen está en la semejanza objetiva de las cosas que designan ( aspecto físico, función) o en la apreciación subjetiva de tal semejanza por parte de los hablantes.

 

La metonimia se basa, en la contigüidad: un signo adquiere el significado de otro que aparece junto a él en el contexto o cuyos referentes se encuentran próximos en la realidad. Copa con el significado de líquido que cabe en una copa es una metonimia y lo mismo colegio (edificio, originariamente sólo ese grupo de personas reunidas para el aprendizaje), sueldo (antes sólo moda). Suelen clasificarse las metonimias según las transferencias de significado: el continente por el contenido. Beber un vaso, el autor por la obra: Comprar un Matisse, etc

 

 Cuando una metáfora o metonimia están consolidadas en la lengua se dice que están lexicalizadas: el diccionario registra los valores desplazados sin especificación alguna o en todo caso con la nota de figurado, pero el hablante no repara, por lo común en que se ha producido una transferencia de significado. Por el contrario las metáforas y metonimias literaria son fenómenos del  habla (de un habla que se percibe como muy singular y creativa) que le diccionario no incorpora. Con mucha frecuencia la eficacia expresiva y comunicativa de una metáfora procede de presentar significados abstractos sustituyéndolos por otros más concretos que se pueden percibir como imágenes: el término más concreto queda así desplazado: el peso de las circunstancias, el umbral del conocimiento, la raíz del problema... son algunos ejemplos.

 

Otros procedimientos de cambio.

Menos frecuente que la metáfora y la metonimia son otros procedimientos de cambio semántico como la etimología popular y la elipsis. En el primer caso se da una semejanza de significante, en el segundo, una continuidad de significantes y ello produce un desplazamiento de sentido.

En la etimología popular los hablantes reinterpretan el significado de manera distinta a lo que la evolución de la palabra permite: por ejemplo, nigromancia quiere decir adivinación por medio de muertos del griego donde significaba evocación de los muertos, pero la semejanza fónica con níger, negro del latín ocasiona la acepción de magia negra, diabólica. Cansino deriva probablemente de campesinus  campesino) pero su parecido fónico con el verbo cansar determina el significado de la palabra.

 

La etimología popular provoca cambios semánticos que se instalan en el sistema y la norma reconoce, otras veces, el fenómeno no pasa de lo coloquial y vulgar. Así, cuando se dice destornillarse de risa (en lugar de destenillarse) o grillado (en vez de guillado por influjo de grillo).

 La elipsis, por su parte, consiste en la omisión de una palabra. Es un modo de cambio semántico cuando su significado pasa a otro término, con el cual coincide frecuentemente en diversos contextos. Así, por ejemplo, periódico, antes sólo  adjetivo, incorpora el sentido de impreso; cortado el de café, cursiva el de letra, valores que son recogidos por la lengua y se hallan en los diccionarios. La elipsis suele coincidir con una metonimia (Valdepeñas) o sinécdoque (habanos).

 

Consecuencias del cambio:

 El cambio semántico supone por lo común una ampliación del significado de un término, al usarse para nombrar más objetos de los que antes designaba o al pasar a un ámbito lingüístico más general que el que le era propio. Así ocurre con palabras como coyuntura, (originariamente un término anatómico), plural (que procede de la gramática), apelar (del derecho). Inversamente otras palabras restringen su significado,  bien al tomar sentidos precisos al especializarse (como operación en el lenguaje matemático o militar, plano en el topográfico o en el cine) bien limitando su referencia en la lengua común (como  guisar, antes preparar, república, antes estado, comunidad).

 

Además las palabras que cambian de significado pueden adquirir sentido peyorativo o meliorativoSiniestro significo, izquierdo antes de funesto;  algarabía, lengua arábiga, paso a griterío confuso. La superstición, los prejuicios sociales o políticos, los valores morales o estéticos cargan de connotaciones negativas a estos términos cuyos significados varían. Lo contrario sucede en otros casos: azar, pasa de cara desfavorable del dado a causalidad, estímulo de pincho, aguijón a incitamiento a obra; alborozo de gran desorden a gran alegría. También palabras que en un principio tenían denominaciones con sentido despectivo, como gótico o modernista se convierten en términos prestigiosos en la historia del arte, etc.

 

 

Comentarios Apuntes de lengua: Semántica

Deja tu comentario Apuntes de lengua: Semántica

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre

Los comentarios de este blog están moderados. Es posible que éstos no se publiquen hasta que hayan sido aprobados por el autor del blog.