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Apuntes de Historia: La lucha por la libertad. Las guerras médicas

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La lucha por la libertad. Las guerras médicas

En el siglo V antes de Cristo los griegos tuvieron que sostener una lucha heroica y desigual para defender su independencia contra el poderoso imperio persa. Estas guerras entre griegos y persas se llaman las guerras médicas porque los griegos llamaban medos a los persas.

Los persas habían conquistado las ciudades griegas de Jonia, pero en tiempos del rey Darío estas ciudades se sublevaron contra el Gran Rey y obtuvieron la ayuda de Atenas. Darío sofocó fácilmente la rebelión de las ciudades jonias y quiso castigar a Atenas dirigiendo contra la ciudad una poderosa expedición que los atenienses, luchando con heroísmo, consiguieron destroza en la playa de Marathon.

Muerto Darío, su sucesor Jerjes preparó un nuevo ejército y una gran escuadra, los mayores que habían existido hasta entonces, enormemente superiores a los que podían oponerles los griegos. Ante una amenaza tan formidable, todas las polis se unieron para rechazar la invasión. La embestida persa logró forzar el paso de las Termópilas, defendido hasta el último hombre por los espartanos con su rey Leónidas, y ocupar la ciudad de Atenas, que fue incendiada mientras sus habitantes se refugiaban en la escuadra y en las pequeñas islas vecinas, como Salamina. Junto a esta isla, la flota ateniense y de sus aliados, dirigida por Temistocles, consiguió destrozar la poderosa escuadra persa. El ejército invasor, falto del apoyo de la flota, tuvo que replegarse y los griegos pasaron entonces a la contraofensiva, obteniendo nuevas victorias terrestres y navales contra los persas. Estos se vieron obligados a firmar la paz devolviendo la libertad a las ciudades helenas de la Jonia.

A pesar de su enorme superioridad material, el ejército persa carecía de patriotismo. Formado por gentes de diversos países dominados (asirios, babilonios, egipcios, fenicios, etc.) luchaba por la gloria de un rey al que muchos soldados no conocían o al que odiaban. Los griegos, en cambio, luchaban por su patria y su libertad en su propio país invadido. Sabían que la derrota habría representado la esclavitud y la sumisión al poder despótico de un rey extranjero.

La guerra del Peloponeso.

Alejado el peligro persa, las ciudades griegas volvieron a sus rencillas y rivalidades. El triunfo había beneficiado sobre todo a Atenas, que se convirtió en la ciudad más rica y poderosa de Grecia. Esta fue la época de Pericles, que fue elegido gobernante por sus conciudadanos durante varios años y presidió la época más brillante de la cultura de Atenas. Pero muchas polis, sobre todo Esparta, recelaban del poderío de Atenas y no tardó en estallar una larga guerra en la que el mundo griego se dividió en dos bandos dirigidos por Esparta y Atenas.

Esta guerra, llamada del Peloponeso, fue larga (30 años) porque los atenienses carecían de un ejército capaz de conquistar Esparta, pero los espartanos a pesar de su potencia militar, tampoco podían aspirar a apoderarse de Atenas sin contar con una fuerte escuadra. Por eso la guerra del Peloponeso ha sido comparada a la lucha de un león y una ballena, porque ambos contrincantes, no pudiendo vencer al adversario en el terreno que les era propicio,  el mar o la tierra, se agotaron en empresas secundarias. Sin embargo, al final, los espartanos, consiguieron tener una escuadra y derrotar a Atenas.

Esparta pasó entonces a dirigir la política de Grecia, pero su dominación tardó en ser discutida. Especialmente cuando Esparta se alió con los persas para hacer frente  a las rebeliones de las polis dominantes. Una de estas, Tebas, aliada con Atenas, logró vencer a Esparta.

Pero Tebas aún era menos poderosa que Esparta o Atenas, para conservar el dominio de Grecia. Las rebeliones fueron frecuentes y el país continuó dividido, fácil presa para un conquistador fuerte y audaz.

Macedonia, situada al norte de Grecia, era un país muy influido por la cultura griega. Sus reyes se consideraban helenos y aspiraban a intervenir en la política griega. Las disputas entre las polis facilitaron las ambiciones del rey Filipo de Macedonia, quien se presentó como libertador de las ciudades helénicas del yugo de Tebas y sobornó a muchos gobernantes griegos para que secundaran sus planes. Sin embargo, el ateniense Demóstenes, gran orador, no se dejó influenciar por las apariencias y en sus célebres discursos (filípicas) exhortó a sus conciudadanos a oponerse a Filipo. Pero Demóstenes no pudo evitar que Filipo, con un potente ejército estructurado en falanges, derrotara a los atenienses y los tebanos y fuera aceptado como señor por todas las ciudades griegas, ilusionadas por el gran proyecto del rey macedonio: la conquista del Imperio persa.

La muerte impidió a Filipo la realización de este gran proyecto, pero su hijo y sucesor Alejandro pudo llevarlo a cabo. Alejandro era un joven atlético, de gran temple militar y excelente instrucción que había recibido de su preceptor, el gran filósofo Aristóteles. Este sabio maestro le había inculcado la idea de la superioridad de la cultura helénica y del deber de extenderla en el mundo mediante la conquista del gran Imperio persa.

Al frente de un poderoso ejército griego, Alejandro desembarcó en Asia Menor y, después de derrotar repetidamente a los persas, consiguió, en el espacio de diez años, adueñarse de un inmenso imperio (Siria, Palestina, Egipto, Mesopotamia, Irán), llegando hasta el rio Indo (324 a. de C). La conquista del Imperio persa elevó a Alejandro a la categoría de héroe sin precedentes y permitió la extensión de la civilización griega a todo el Mundo antiguo.

La obra de Alejandro

Alejandro no se proponía aniquilar a los pueblos sometidos y liquidar su cultura, sino fusionar a griegos y persas en una cultura sincrética. Admitió a los persas en el ejército, utilizó altos funcionarios persas y él y sus generales se casaron con mujeres persas, egipcias, babilónicas, etc. Fundó muchas ciudades, como la que aún lleva su nombre en Egipto, pobladas por griegos y adoptó costumbre y etiqueta de los orientales (así como en Egipto aceptó honores divinos como un faraón). Pero su muerte prematura impidió la realización de sus grandes proyectos de imperio universal. Los generales de Alejandro no pudieron mantener la unidad del Imperio. Después de una serie de luchas entre sí, acabaron por dividirlo en diversos reinos gobernados por ellos. Los principales de estos reinos, llamados helenísticos, fueron Egipto, gobernado por Ptolomeo y Siria, gobernada por Seleuco, fundadores de dos dinastías que duraron hasta el tiempo de los romanos.

Aunque fracasó la idea alejandrina de creación de un Imperio universal, la cultura griega se extendió en todo el Mundo antiguo, aunque influida por las civilizaciones orientales. Esta última fase de la cultura griega se llama Helenismo o también época alejandrina porque tuvo uno de sus grandes focos en Alejandría, la nueva capital de Egipto.

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Comentarios Apuntes de Historia: La lucha por la libertad. Las guerras médicas

das muy completos los escritos dentro de lo que es lo tuyo

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