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Apuntes de Historia. El arte griego. Fidias y el Partenón

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Fidias y el Partenón

El periodo comprendido entre el 460- 435 a. de J. C. constituye el momento de Pericles, como representante máximo no sólo de la democracia ateniense sino también de la gestión de todos sus recursos. Gracias al magnetismo que sintió por la belleza podemos contemplar maravillas como el Partenón.

Fue Fidias, el gran amante de la belleza el que forjó y llevo a cabo el proyecto en compañía de un gran número de artistas, algunos de la talla de Ictino y Calícatres, hombres muy superiores que supieron desarrollar un proyecto que siempre estuvo supervisado por ese gran visionario, que fue Fidias.

Recordemos que la divinidad tutelar de Atenas era Atenea Partenos, la diosa virgen: el templo que debería ser su residencia y estar dotado de todos los honores, era el Partenón. Primero, existió un viejo Partenón de piedra, pero fue destruido por los persas en 480. Pericles quiso entonces construir otro mayor y más suntuoso. Durante veinte años las canteras del Ática suministraron sus materiales más hermosos a millares de obreros y artistas.

El templo tiene una estructura rectangular, con puertas y sin ventanas y está rodeado por todas partes de una o varias hileras de columnas que, sosteniendo la techumbre, parecen dar la guardia alrededor de la mansión del dios (la cella). En las dos fachadas menores, el tejado dibuja un triángulo, conocido como frontón, que en ocasiones está decorado con estatuas. La parte alta del muro del edificio está decorada con bajorrelieves que conforman el friso. Cuando el templo es de orden dórico, como es el Partenón, se compone de losas con tres ranuras verticales (triglifos), que alternan con otras lisas  u ornamentadas con relieves que son las metopas.

La arquitectura griega ha empleado tres órdenes, es decir, tres tipos generales de la construcción con columnas. El más antiguo, al que pertenece el Partenón, es el llamado dórico. En él, la columna es poco esbelta y coronada con un capitel muy sencillo, formado por una parte ensanchada llamada equino y un dado, el ábaco. Por otra parte, en el orden jónico, hallamos ya una columna más delgada, coya corona es un capitel formado por una especie de cojinete con volutas. Existe un último estilo, el corintio, empleado sobre todo en la época romana y que se caracteriza por una columna coronada por un capitel que representa un cesto de hojas de acanto.

El orden dórico presenta pues una apariencia más sólida y robusta que el jónico, aunque este destaca por su frágil elegancia.  Comparados ambos con el corintio, este último sería un estilo más lujoso y alambicado.

Lo más admirable del Partenón es que nada queda al azar, la precisión de sus proporciones es fascinante. La relación entre la altura de las columnas, su espesor, la altura de los frontones y las demás dimensiones del templo, fue fijada con tal acierto, que el conjunto ni es demasiado ligero ni demasiado pesado. Su perfección técnica es incuestionable.

El Partenón quedó en ruinas, después de una explosión ocurrida en 1687, que abrió una gran brecha en el centro del templo; en 1803, lord Elgin lo despejó de la mayor parte de sus esculturas, que pasaron a formar parte del Museo Británico; pese a todo esto, esta ruina continúa siendo una obra maestra y uno de los lugares más carismáticos y emblemáticos de la humanidad.

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