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Apuntes de filosofía, Kant

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Resumen de Kant

La obra de Kant supone una síntesis entre el racionalismo (centrado en la confianza) y el empirismo (basado en el esceptismo). Sus obras –Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica, Fundamentos de la metafísica de las costumbres y la religión dentro de los límites de la mera razón-realizan un giro copernicano,  sientan las bases y los principios del conocimiento.

El fundamento de la filosofía se basa en los límites del conocimiento práctico. Kant estudiará además los fundamentos de la metafísica –la existencia de Dios, el concepto de libertad, la inmortalidad del alma- en su  obra, Crítica de la razón práctica.

En su primera obra, Crítica de la razón pura plantea –entre otras cuestiones- las condiciones trascendentales que posibilitan la ciencia. De hecho si se hallan esos principios, podremos saber si la Metafísica puede desarrollarse científicamente.

Divide pues la obra en tres partes: Al principio se refiere a la Estética trascendental que parte de la sensibilidad como facultad del conocimiento humano. Estudia la validez científica de las Matemáticas. Seguidamente se centra en la Analítica trascendental para estudiar los caracteres del entendimiento como facultad del conocimiento humano. Es el estudio de la Física. Finalmente se detiene en la Dialéctica trascendental, con la finalidad de estudiar la razón como facultad del conocimiento humano y deducir si la Metafísica es posible como ciencia. Con esta delimitación pretende averiguar si, gracias a estos presupuestos, es posible una ciencia válida y universal, que hunde sus raíces en proposiciones o juicios universales y necesarios, establecidos a priori. .

Un juicio no es más que la conexión entre dos conceptos, en el que uno es el sujeto y el otro, el predicado. El autor distingue entre juicios a priori, es decir, independientes de la experiencia y que son universales y necesarios, al no depender de datos de sensibles y juicios a posteriori, originados en la experiencia y en los que la comprobación depende de hechos sensibles concretos. Estos no son universales ni necesarios. El juicio analítico se rige por el principio de no contradicción y no es extensivo, o sea, no nos proporcionan nuevas informaciones ni facilitan que el conocimiento avance, son necesariamente verdaderos. Los juicios sintéticos, por su parte, son aquellos en los que lo que se predica del sujeto no está contenido en sí mismo. Esos juicios facilitan nuevas informaciones y permiten que el conocimiento avance. Si queremos que la Metafísica adquiera el estatus de conocimiento científico es necesario que en ella sean posibles los juicios sintéticos a priori, ya que sus afirmaciones, han de proceder del propio procesamiento del pensamiento; pero, a la vez, deben permitir conocimientos nuevos, o sea, juicios sintéticos.

El autor llama estética a la doctrina que hace referencia a los sentidos y la sensibilidad. En esta estética aparecen conceptos como sensación, sensibilidad, intuición, fenómeno ´-entendido por el objeto de la intuición empírica-, etc. Para él existen dos tipos de intuición: la empírica (en la que están presentes las sensaciones) y la pura (la sensibilidad fuera de la independencia de la materia). El espacio es la forma intuitiva de la sensibilidad externa, mientras que el tiempo, lo es de la interna. Tanto las Matemáticas, como la Geometría son posibles gracias a la adecuación de la forma pura del espacio y el tiempo. Según Kant los conceptos del pensamiento no están vacíos, sino que se refieren a objetos reales. Distingue así entre conceptos empíricos (los que contienen los datos de la experiencia sensible) y los puros (llamados categorías).

Para el estudio de las categorías tiene en cuenta una serie de juicios - por ejemplo, los que se refieren a la cantidad- y a partir de ellos deduce las categorías. Si la compresión de las impresiones sensibles se da en el juicio, existirán tantos tipos de conceptos puros o categorías, como tipos de juicios. Por eso, al igual que las cosas deben someterse a la sensibilidad para ser percibidas; para ser pensadas, han de someterse al pensamiento. Define seguidamente el concepto de nuómeno o cosa en sí y que hace referencia al objeto pensado por nuestro intelecto.

Asimismo aborda las cuestiones clave de la Metafísica, como el hecho de que se considere el alma como inmortal o la existencia de Dios. Puesto que el intelecto no tiene experiencia de estas cosas y por tanto, puede pensarlas pero no conocerlas, esas ideas no podrían ser abordadas en la razón teórica; pero sí, en una razón práctica. Los argumentos que  prueban la existencia de Dios, el alma, el mundo, Dios son fallos lógicos. Son la percepción y la experiencia, los móviles que garantizan la existencia de realidades objetivas, pero ante estos conceptos, no tenemos una experiencia sensible y por lo tanto, puesto que no las podemos conocer, no pueden verificarse de la misma forma que verificamos una fórmula matemática.

Diferencia Kant en definitiva entre razón pura o teórica y razón práctica. Si la primera se vale de juicios para validar el conocimiento; la segunda, se apoya en el uso de imperativos o mandatos. Todas esas ideas las aborda en la Ética formal. El autor explica que antes todas las éticas eran éticas materiales, basadas en actitudes calificadas de buenas o malas y en un fin último que se pretendía alcanzar y que podía ser, por ejemplo, la felicidad. Esta ética impone una serie de preceptos, a través de los cuales se alcanzaba el bien supremo. Pero, para él, todas estas éticas, no tienen validez porque no son a priori ni universales.

Explica que estas éticas no son empíricas y por lo tanto son, a posteriori. Al no estar sacadas de principios universales, se basan en la experiencia. Son éticas hipotéticas que no tendrán validez porque no son a priori ni universales. Las éticas materiales no tienen validez para determinar, de forma universal y necesaria el comportamiento humano y desde esa perspectiva, han de ser sustituidas. Sólo la ética formal puede ser válida. Los actos se deben realizar no desde una causa particular sino independiente de ella, desde un condicionamiento autónomo, donde el individuo determine su propia conducta, sin que esta le sea impuesta por principios extremos. Las éticas formales no tienen contenido, no proporcionan un inventario de acciones buenas que debamos realizar, sino que nos indican los requisitos que han de cumplir nuestras acciones para que éstas sean éticas. La moralidad no reside en los resultados de una acción, sino en nuestra actitud a la hora de realizar una acción, o sea, en como nuestra razón dirige o determina la voluntad. Lo que hace una acción sea moral es que la realicemos como fin en sí misma y no como medio para conseguir otro fin. Lo expresa Kant a través del imperativo categórico que nos indica cómo debemos actuar. Es ahí donde la ley se convierte en fin en sí misma y es ahí donde adquiere validez para todos.

Añade además los postulados de la razón práctica, entendiendo postulado como principio o supuesto indemostrable, pero necesario e imprescindible para explicar algo. Estos postulados indemostrables, pero necesarios, son tres: la libertad, que es –en definitiva- la que nos permite actuar moralmente; la existencia de Dios, puesto que ni la búsqueda de la felicidad engendra siempre virtud, ni la virtud engendra felicidad y de ahí la necesidad de un Dios que adecúe la felicidad a los méritos y el grado de virtud; y finalmente, la inmortalidad del alma, puesto que la adecuación anterior solo puede darse en un progreso hasta el infinito y de ahí la necesidad de que el alma sea inmortal.

 

 

 

 

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