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Apuntes de Filosofía. 2º Bachillerato. Kant

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Resumen de la filosofía de Kant

Nacido en Königsberg en una familia de artesanos, Kant, educado en el seno del pietismo, se convertiría con el tiempo en una de las figuras claves de la filosofía al realizar una síntesis perfecta entre el racionalismo (basado en la confianza plena en la razón) y el empirismo (centrado en el escepticismo). Con sus obras (Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica, Fundamentos de la metafísica de las costumbres y la religión dentro de los límites de la mera razón), el autor realizó un verdadero giro copernicano hacia el sujeto trascendental.  Kant se refiere a personajes como Galileo o Torricelli, para verificar que ellos mismos <>, somos nosotros posteriormente los que debemos hallar los principios y límites del conocimiento, los que con nuestra pericia debemos preguntarnos ¿qué se puede conocer?

La filosofía debe buscar los principios, los límites del conocimiento; cuestión que aborda en la Crítica de la razón pura; además, debe elaborarse una serie de principios en los que se fundamente nuestro conocimiento práctico y que responda a la cuestión <>. Este es el fundamento de la moral kantiana, que es estudiada en la Crítica de la razón práctica. Es ahí donde tienen cabida los principios –como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma-, cuestiones fundamentales para la Metafísica.

En su Crítica de la razón pura, Kant se plantea, en primer lugar, las condiciones trascendentales que hacen posible la ciencia. De hecho, si hallamos esos principios que fundamentan el conocimiento podremos saber si la Metafísica puede desarrollarse científicamente.

Para realizar ese estudio divide la obra en tres partes: La primera aborda la estética trascendental que parte de la sensibilidad como facultad del conocimiento humano. En este apartado se centra en las Matemáticas y su validez científica. Seguidamente el autor se centra en la Analítica trascendental para estudiar los caracteres del entendimiento como facultad del conocimiento humano. Ahora el objeto de estudio es la Física. Finalmente se detiene en la Dialéctica trascendental, con la finalidad de estudiar la razón como facultad del conocimiento humano y deducir si la Metafísica es posible como ciencia.

Primero Kant intenta elaborar una filosofía trascendental y para ello se detiene en los elementos que conforman la subjetividad. En este tipo de conocimiento aparecen una serie de elementos que ya están en nosotros. Trascendentales son pues los pilares en los que se centran las Matemáticas, o sea, los presupuestos que intervienen cuando las formulamos y que sin embargo, no son matemáticos. Intenta averiguar si, gracias a estos presupuestos, es posible una ciencia válida y universal, por lo que para él ese conocimiento trascendental hunde sus raíces en el modo de conocer los objetos a priori.

En el prólogo a la segunda edición de la Crítica de la razón pura, el autor explica que el conocimiento científico (el verdadero conocimiento) está formado de proposiciones o juicios universales y necesarios, que además sirven para aumentar nuestro saber. Un juicio no es más que la conexión entre dos conceptos, en el que uno es el sujeto y el otro, el predicado.

 El autor distingue primeramente entre juicios a priori, o sea, independientes de la experiencia, y que son además universales y necesarios, al no depender de datos sensibles y juicios a posteriori, originados en la experiencia y en los que la verificación depende de hechos sensibles concretos. Estos no son universales ni necesarios. Además Kant tiene en cuenta el funcionamiento de la verdad en un juicio y por eso disocia los juicios analíticos y los juicios sintéticos. En el juicio analítico, el predicado está contenido en el sujeto. Eso significa que aquello que se afirma en el predicado no añade nada nuevo al concepto de sujeto. Además este juicio se rige por el principio de no contradicción y  no es extensivo, o sea, no nos proporcionan nuevas informaciones y ellos no facilitan que el conocimiento avance, son necesariamente verdaderos.  Sin embargo, los juicios sintéticos son aquellos en los que lo que se predica del sujeto no está contenido en sí mismo. Estos juicios sí que son extensivos, ya que facilitan nuevas informaciones y permiten que el conocimiento avance. No es la primera vez que se ha realizado esta clasificación: ya Leibniz disocia verdades de razón y verdades de hecho y el propio Hume habla de relaciones entre hechos y relaciones entre ideas.

Si la Metafísica quiere adquirir el estatus de conocimiento científico es necesario que en ella sean posibles los juicios sintéticos a priori, ya que sus afirmaciones, han del proceder del propio procesamiento del pensamiento; pero, a la vez, deben permitirnos conocimientos nuevos, o sea, juicios sintéticos. 

Kant nos recuerda que el conocimiento siempre ha dependido de los sentidos y del intelecto. El autor llamó estética a la doctrina que hace referencia a los sentidos y la sensibilidad y para ello recuperó la palabra aisthesis, que significa sensación o percepción sensorial. En esa estética kantiana aparecen algunos conceptos como sensación (modificación que un sujeto recibe de un objeto), sensibilidad (facultad de recibir sensaciones), intuición (conocimiento inmediato de los objetos), fenómeno (el objeto de la intuición empírica, lo que se manifiesta para nosotros y que además se divide en materia y forma.

Kant distingue dos tipos de intuición: la empírica (aquella en la que están presentes las sensaciones) y la pura (forma de la sensibilidad considerada como independencia de la materia). El espacio es la forma intuitiva de la sensibilidad externo y el tiempo, de la interna. Tanto las Matemáticas como la Geometría son posibles gracias a la adecuación de la forma pura del espacio y el tiempo.

Kant también estudia por qué los conceptos del pensamiento no están vacíos, sino que se refieren a objetos reales. Para abordar este problema distingue entre conceptos empíricos (los que contienen los datos de la experiencia sensible) y conceptos puros –también llamados categorías- y que facilitan la ordenación de todos esos conceptos empíricos. El autor aborda la lógica trascendental y ahí estudia el origen de los conceptos, centrándose también  aquellos que no proceden de la experiencia sensible, pese a que se refieran a priori a esos objetos. Para el estudio de las categorías Kant tendrá en cuenta una serie de juicios, por ejemplo, los que hacen referencia a la cantidad (universales, particulares y singulares),  a partir de ellos deducirá las categorías (unidad, pluralidad, totalidad). Según él, puesto que la función del concepto –la compresión de las impresiones sensibles- se da en el juicio, existirán tantos tipos de conceptos puros o categorías, como tipos de unificaciones de impresiones sensibles, es decir, como tipos de juicios.  Por eso, de la misma manera que las cosas deben someterse a la sensibilidad para ser percibidas; para ser pensadas, han de someterse a las leyes del pensamiento. Define Kant además el concepto de nuómeno o cosa en sí y que hace referencia al objeto pensado por nuestro intelecto.

Kant  abordó además las cuestiones clave de la Metafísica, como el hecho de que se considere el alma como inmortal o la existencia de Dios.  Advirtió que puesto que el intelecto no tiene experiencia de estas cosas y por tanto, puede pensarlas pero no conocerlas, esas ideas no podrían ser abordadas en una razón teórica; pero sí, en una razón práctica.

El autor es consciente de la ilusión de la razón; ella, que pretende conocerlo todo, reflexiona sobre el alma. Pero este concepto, así como otros de la Metafísica, no puede ser abordado científicamente.

Kant disocia el sentido del intelecto y el de la razón. El intelecto aprehende las categorías y las aplica a la experiencia posible. Pero, si el intelecto va <>, nos hallamos ante la razón; esa facultad que impulsa al ser humanos a encontrar el fundamento de todas las cosas, abordando las cuestiones trascendentales: el alma, el mundo, dios. Sin embargo, Kant nos desengaña: los argumentos que prueban la existencia de esas tres ideas tienen en su desarrollo, fallos lógicos. Son la percepción y la experiencia, los móviles que garantizan la existencia de realidades objetivas, pero ante estos conceptos, no tenemos una experiencia sensible y por lo tanto, puesto que no las podemos conocer, no pueden verificarse de la misma forma que verificamos una fórmula matemática.

Kant diferencia entonces entre razón pura o teórica y razón práctica. Si la primera se vale de juicios para validar el conocimiento; la segunda, se apoya en el uso de imperativos o mandatos. Todas estas ideas las aborda en la Ética formal. El autor explica que antes todas las éticas eran éticas materiales, basadas en actitudes calificadas de buenas o malas y en un fin último que se pretendía alcanzar y que podía ser, por ejemplo, la felicidad.  Esta ética imponía una serie de preceptos, a través de los cuales se alcanzaba el bien supremo. Pero, para él, todas estas éticas, no tienen validez porque no son a priori ni universales. Explica el autor, en primer lugar, que estas éticas no son empíricas y por lo tanto son, a posteriori. Al no estar sacadas de principios universales, se basan en la experiencia. Por otra parte, nos hallamos ante éticas hipotéticas que no tendrían validez si no se aceptase como bien último o supremo, lo que se ha presupuesto. Además son heterónomas, lo que significa que no dejan al individuo tener autonomía o darse a sí mismo la ley. La ley se le es dada desde fuera, por lo que el individuo no puede racionalizar su comportamiento.

Por todo ello, las éticas materiales no tienen la validez para determinar, de forma universal y necesaria el comportamiento humano y desde esta perspectiva, han de ser sustituidas.  Según Kant, únicamente una ética formal, puede ser válida. Ha de ser a priori, en la que los principios no estén extraídos de la experiencia. Los actos se deben realizar no desde una causa particular sino independiente de ella, desde un condicionamiento autónomo, donde el individuo determine su propia conducta, sin que esta le sea impuesta por principios extremos.

  

Según esto, las éticas formales no tienen contenido, no proporcionan un inventario de acciones buenas que debamos realizar, sino que nos indican los requisitos que han de cumplir nuestras acciones para que éstas sean éticas. La moralidad no reside en los resultados de una acción, sino en nuestra actitud a la hora de realizar una acción, o sea, en como nuestra razón dirige o determina la voluntad. Lo que hace una acción sea moral es que la realicemos como fin en sí misma y no como medio para conseguir otro fin. 

Kant lo expresa a través del imperativo categórico que nos indica cómo debemos actuar y que dice <>.  Es ahí donde la ley se convierte en fin en sí misma y es ahí donde adquiere validez para todos. De hecho incide en sus presupuestos y añade <>.  Si actuamos así, estamos actuando correctamente, respetando la moralidad.

El autor añade además los postulados de la razón práctica, entendiendo postulado como principio o supuesto indemostrable pero necesario e imprescindible para explicar algo. Estos postulados indemostrables, pero necesarios, son tres: la libertad, que es –en definitiva- la que nos permite actuar moralmente; la existencia de Dios, puesto que ni la búsqueda de la felicidad engendra siempre virtud, ni la virtud engendra felicidad y de ahí la necesidad de un Dios que adecúe la felicidad a los méritos y el grado de virtud; y finalmente, la inmortalidad del alma, puesto que la adecuación anterior solo puede darse en un progreso hasta el infinito y de ahí la necesidad de que el alma sea inmortal.

 

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Comentarios Apuntes de Filosofía. 2º Bachillerato. Kant

Interesante texto.
Feliz Fin de Semana.
Besos.

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