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El alienígena que quería absorber la energía del universo

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El alienigena que quería absorber la energía del universo

Los sharkmens eran los héroes más poderosos y llevaban mucho tiempo buscando y derrotando enemigos, mientra navegaban por tierras amenazadas. Pero hoy descubrirán una amenaza, la más poderosa, la más peligrosa, la amenaza que asediaba Egipto. Habían oido casos de naves que provenían de Mercurio. Su nuevo destino era descubrir al villano, aunque todo parecía indicar que el pueblo costero estaba desierto, tan desierto como el Sahara, pese a ello decidieron investigar.

-Estas calles están llenas de mercadillos y productos aplastados –dijo Sharkman, el jefe.

Pero no habian recorrido ni un kilómetro cuando, de repente, escucharon un sonido, el de un OVNI que se iba acercando. Una máquina volante, semejante a un gigantesco quitagrapas gigante, empezó a emitir un láser que se dividió por la mitad.

-Estos láseres deben ser rastreadores, sigámoslos- dijo Martinman, un hombre pez espada, primo de Sharkman.

-Es mejor seguir a la nave sin ser tocados por los láseres- aconsejó Sharkman. La comitiva cogió uno de sus coches y los siguió a una distancia prudencial.

-Ve már rápido, la nave se dirige al desierto,  Sharkman. ¡Pisa a fondo!

El automóvil se movió, aumentando su velocidad.

En una décima de segundo chocaron con una roca llena de cáctus. La nave se vio obligada a hacer un aterrizaje forzoso. El coche de los héroes, por su parte, dio un frenazo y hundió las ruedas en la arena.

De las entrañas de la nave salió u ser extraño. Tenía un traje en forma de huevo de cristal y titanio, con dos brazos mecánicos diferentes. Uno era una pinza, el otro, una mano con tres dedos.

Como aparato locomotor llevaba tres largos tentáculos negros, pero la zona que tenía ventosas era rosa. En el cuerpo del monstruo, o más bien, pecera con patas, había un ser extraño. Ese ser era el que conducía la máquina. Tenía un cuerpo con dos bracitos delgados y con dos dedos, unos ojos que recordaban a los de un pulpo y una boca escondida debajo de un tentáculo. Parecía querer decir algo.

-Cof, cof, cof. ¡Menudo piñazo! ¡Ay, mi maravillosa nave destrozada!- del enfado el monstruo empezó a escupir llamaradas de fuego por un pico (boca).

Un apéndice repleto de ojos, que estaba en la parte superior, vio a dos de los héroes.

El monstruo se giró y los miró con sus ojos esféricos y amarillentos. Estaba muy sorprendido. Sus rectangulares pupilas verdes se quedaron durante un momento en blanco. Seguidamente alzó uno de los tentáculos en posición amanezante y empezó a lanzar fuego, dejando al descubierto su negro y asqueroso pico.

-¡Qué seres tan extraños hay en este planeta! Tengo que cogerlos, para poder analizarlos y absorber todo su poder- y diciendo esto la criatura se presento mientra preparaba una cola negra acabada en un garfio.

-Mi nombre es Octopooe, provengo de Mercurio y me dedico a visitar planetas para luego ¡conquistarlos!

-No permitiré que conquistes la tierra, Octopoos- dijo Sharkman.

-Por encima de mi cadáver, escuálo. Me enfrentaré  a ti, sea peleando o en una guerra.

Martinman se dio cuenta de que su cola iba a dar el primer golpe. De un rápido movimiento  se la cortó con su afilado morro.

-¡Yharrggg! Mi cola para absorber energía- exclamó Octopoos, dolorido.

Entonces Sharkman empezó a aporrearlo, agarrándolo por el apéndice lleno de ojos. El monstruo fue lanzado por los aires, provocando un estruendo de máquinas rotas.

El alienígena empezó a tambalearse. Primero le explotó un brazo, luego el otro. Allí quedó hecho un montón de chatarra. Así terminó sus días el pequeño Octopoos, el alienígena que quería absorber la energía del universo.

Alexis, 1º E

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