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Agualuna, Joan Manuel Gisbert

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Agualuna, Joan Manuel Gisbert

Lee detenidamente este texto, en el que se produce el bautismo de la protagonista, lo que supone que, a partir de ese momento, tendrá una identidad y un destino diferente. Introduce las emociones, sensaciones y sentimientos de la protagonista y – a continuación- escribe una continuación de la historia.

Este texto es un fragmento de una novela. Con los elementos que tienes inventa un cuento. ¿Quiénes son Bruna y Lila? ¿Qué destino le espera a nuestra protagonista?

Las aguas bajaban silenciosas. Amelia se detuvo y contempló el paso de la corriente. Pensó que sería rápido y agradable huir río abajo en una barca que la llevara más al sur.

-Los ríos son las venas de la tierra- dijo de pronto la voz ronca de Bruna, sobresaltándola--. Suelen correr a cielo abierto, pero a veces tienen una parte invisible, subterránea.

Amelia se volvió. La mujer estaba a dos pasos de ella. Lila contemplaba la escena ocultándose entre unos árboles.

-Lo que estás viendo- continuo la extraña mujer- es sólo medio río. La otra mitad corre bajo tierra, escondida, enterrada. Así son nuestras vidas –prosiguió mirando a Amelia muy fijamente-: sólo conocemos de ellas la parte visible.

Amelia no entendió el comentario. Creía que Bruna le hablaba de aquel modo porque la había sorprendido marchándose sin decir adiós, como una desagradecida. Pensó en dar alguna explicación o pedir disculpas, pero la mujer no las esperaba. Sus intenciones eran otras.

-Es costumbre en estas tierras – mintió- que toda persona que llega de lejos, sea cual sea su nombre, tome uno nuevo aquí. Es el mejor modo de empezar otra vida con buen pie. Atrae la suerte. Dime, ¿cómo te llamabas en tu tierra?

-Amelia- contestó la muchacha, aliviada al ver que Bruna no le hacía reproches por haber intentado irse sin decir nada.

La mujer escribió el nombre en la tierra arenosa de la ribera, lo contempló unos instantes mientras decía algo que sólo ella misma oyó, y después lo borró con el pie izquierdo y dijo.

-Hasta aquí te acompañó y ahora deja de ser tuyo. Las aguas del río te bautizarán de nuevo. Sólo nos queda decidir cuál será tu nombre de ahora en adelante.

Amelia estaba confusa y sorprendida. No comprendía por qué Bruna le daba tanta importancia al cambio de nombre. Aquella mujer le parecía cada vez más inquietante. Pero tenía una manera de influir, de imponer su voluntad, a la que no era fácil sustraerse.

Amelia veía su propia silueta reflejada en el río y sobre ella la imagen de la luna en las aguas, como un gran punto final que cerrara una etapa de su vida.

-Creo que ya sé cuál va a ser tu nuevo nombre. El río nos lo está diciendo, no hay más que ver la luna en el agua: desde esta noche te llamarás Agualuna.

Bruna apoyó sus manos sobre los hombros de Amelia y presionó con fuerza para hacerla caer de rodillas en tierra. Luego se agachó, tomó agua del río con las dos manos y la fue derramando despacio sobre la cabeza de la muchacha mientras murmuraba con una voz tan grave que casi no parecía suya:

-Ya es tu nombre Agualuna, desde ahora y mientras vivas, y será el compañero de tu destino y de tu muerte.

Amelia no oyó bien aquella última palabra, pero notó una repentina sensación de frío y pensó que a partir de entonces todo iba a ser distinto.

Al ver que el anormal bautismo se consumaba, Lili se estremeció. Un invisible reloj de fina arena se había puesto en marcha.

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