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Acentuación verbal

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Acentuación verbal

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Radio Kaos en Al-Andalus

fotografojfrechinaElRevesdelEspejohttp://www.jfrechina.com/

 

 2ª persona del plural del presente de indicativo: saltáis, coméis, vivís.

1ª persona del imperfecto de indicativo en la 1ª conjugación: saltábamos.

En la 2ª y 3ª conjugación se acentúan todas las formas: comíamos, vivía, recibíais.

1ª y 3ª persona del pretérito perfecto simple de indicativo: salté, saltó, recibí, recibió.

 1ª,2ª, 3ª del singular, 2ª y 3ª del plural del futuro imperfecto de indicativo: saltaré,  saltarás, saltará, saltaréis, comeréis, comerán.

Todas las formas del condicional simple: saltaría, saltarías, saltaría, saltaríamos, saltaríais, saltarían.

Tiempos compuestos

Pretérito perfecto compuesto: habéis saltado, 2ª del plural

Pretérito pluscuamperfecto: Todas se acentúan en el auxiliar;  había saltado, habías saltado, etc.

1ª,2ª, 3ª del singular, 2ª y 3ª del plural del futuro perfecto: habré saltado, habrás saltado, habrás saltado,  habrá saltado, habréis saltado, habrán saltado.

Todas las formas del condicional perfecto: habría saltado, habrías saltado, habríais comido.

Modo subjuntivo:

Presente: 2ª persona del plural: saltéis (recuerda que es un cambo de vocal) comáis,  viváis.

Pretérito imperfecto: sólo primera del plural: saltáramos o saltásemos; comiéramos o comiésemos, viviéramos o viviésemos.

Pretérito perfecto compuesto: hayáis estudiado, hayáis comido, hayáis ido.

Pretérito pluscuamperfecto: hubiéramos o hubiésemos comido, hubiéramos o hubiésemos vivido.

 

Dictados

¿Por qué no estudiáis en silencio?

Vosotros lo hacéis bien; ellos, no.

¿Os coméis ya de una vez el plato?

Os hacéis un flaco favor si no estudiáis,

¿Esta tarde saldréis con nosotros?

El año pasado siempre realizábamos los ejercicios en la libreta.

Hace cinco años cantábamos con más timbre.

Cuando hablábamos así, el profesor siempre se enfadaba.

Cuando salía de clase me encontré con tu novia.

Esta mañana salía de clase, cuando vi a tus padres.

Cuando salíais de clase, llegó el nuevo profesor.

Cuando el jugador chutó, todo el estadio enmudeció.

Ayer salí temprano de clase.

Anoche estudié para el examen.

La chica bailó muy bien en el concurso.

Hablé de ello con el profesor de guardia.

     Haréis los deberes por la tarde, si queréis salir después.

Ellos jugarán con el equipo de gala.

Haría mejor los deberes, si mi hermano no estuviera siempre molestándome.

Nos compraríamos un número de lotería, si supiéramos que iba a tocarnos.

¿Habéis terminado ya de comer?

¿Habéis jugado al fútbol este fin de semana?

Habíamos hecho los deberes con tanta exactitud, que hasta nuestra profesora nos felicitó.

Seguramente habrás aprobado, no te preocupes.

Habrías escuchado mejor la explicación, si te hubieses callado.

Ojalá hagáis bien el examen y aprobéis.

Es probable que salgáis todo en la foto.

Si hacéis bien el trabajo, aprobaréis.

Cuando hayáis acabado el examen, dejadlo sobre la mesa.

Si hubierais escuchado a la profesora, sabríais lo que teníais que hacer.

Si jugaseis mejor, ganaríais la competición.

Si acudiésemos todos a la manifestación, haríamos más fuerza.

Si hablásemos con calma, nos entenderíamos todos.

Si hubiéramos estado allí, lo habríamos conocido.

 Lo habrías pintado mejor, si hubieras utilizado otra técnica.

Caminaron juntos, alejándose del muelle. Nadie reparó en ellos, salvo una anciana que dirigió a Halloran una mirada acusatoria y murmuró vagas palabras en torno a la guerra, la locura humana y la infelicidad de los chicos y chicas surgidos del producto de aquella locura. Halloran se metió en el primer bar que encontraron, una taberna en la que las pintas de cerveza desaparecían con pasmosa facilidad.

El joven Lennon, Jordi Sierra i Fabra.

Una pequeña y cuidada barba puntiaguda le cubría el mentón. Y sus ojos, sus ojos eran maravillosamente brillantes. Parecían estar destellando todo el tiempo. Toda su cara, en realidad, resplandecía con una risueña alegría. ¡Y qué inteligente parecía! ¡Qué sagaz, agudo y lleno de vida! Hacía todo el tiempo pequeños movimientos, rápidos con la cabeza, inclinándola a uno y otro lado, y observándolo todo con ojos brillantes. Era como una ardilla por la rapidez de sus movimientos, como una astuta ardillita del parque.

Charlie y la fábrica de chocolate, Roald Dahl

Empezaba a dominarme. Me rodeó el cuello con sus brazos cadavéricos; me retorcí hasta que logré desembarazarme con un grito. La criatura saltó por encima de mí y se precipitó sobre el capitán. Éste cayó al suelo horrorizado y aturdido. El ser se quedó en suspenso un instante, y a continuación desapareció por la portilla.

Bueno, ¿queréis saber más? Pues no hay nada más. Fue el carpintero de a bordo y clavó la puerta del camarote.

Si alguna vez hacéis un viaje en el Kamtschatzka, preguntad por el camarote 105. Veréis cómo os dicen que está ocupado. Y en efecto, lo está… por un muerto viviente.

La litera superior, F. marion Crawford.

-Aquí tenéis, majestad, un conejo de monte que el señor marqués de Carabás (fue el nombre que se le ocurrió dar a su amo) me ha encargado que os traiga de su parte.

-Dile a tu amo- respondió el rey-, que se lo agradezco mucho y que me place.

Otro día, fue a esconderse en un campo de trigo, siempre con el saco abierto; y cuando se colaron en él dos perdices, tiró de los cordones y las apresó. En seguida se las fue a ofrecer al rey, igual que había hecho con el conejo. El rey aceptó así mismo de buen grado, las perdices y mandó que le sirviesen de beber.

Y así continuó el gato a lo largo de dos o tres meses, llevando de vez en cuando a palacio diferentes piezas que, según decía, habían sido cazadas por su amo. Un día se enteró de que el rey iba a salir de paseo por la orilla del río con su hija, la princesa más bella del mundo y le dijo a su amo:

-Si aceptáis mi consejo, vuestro porvenir está resuelto: lo único que tenéis que hacer es entrar a bañaros en el río, por el sitio que yo os indique y lo demás dejadlo de mi cuenta.

El gato con botas, Cuentos de Perrault.

 

Ondina se entristeció de todo corazón. Pidió con insistencia a Huldbrand que fuera tras la amiga huida. ¡Ay, no tenía por qué espolearle! Su inclinación por Bertalda volvió a surgir con fuerza. Recorrió a toda prisa el castillo preguntando si alguien había visto el camino que había tomado la bella fugitiva. No pudo averiguar nada, y ya estaba montado en el caballo para salir al azar cuando vino un mozo y le aseguró que se había encontrado con la señorita en el sendero que llevaba al Valle Negro. Como una flecha salió el caballero por la puerta, en la dirección indicada, sin oír la voz angustiada de Ondina que le gritó desde la ventana:

-¿Al Valle Negro? ¡Oh, no vayas allí, no vayas!¡O, por el amor de Dios, llévame contigo! ¡Huldbrand, no vayas!

Pero como vio que no servía de nada gritar, mandó que le ensillaran su caballo blanco y cabalgó tras el caballero, sin aceptar compañía alguna.

Ondina, Friedrich de la Motte Fouqué.

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Comentarios Acentuación verbal

Fantástico, Aghata. Qué bien nos viene para repasar y recordar...
Muchas gracias
Un abrazo
Fantástico, Aghata. Qué bien nos viene para repasar y recordar...
Muchas gracias
Un abrazo

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